Credos contrapuestos coexisten en campo migrante de Calais

Todos los viernes, un clérigo suní llama a los musulmanes a oración a través de un altavoz. Los domingos, los africanos pentecostales alzan las manos al cielo, mientras los ortodoxos se postran ante un retrato de un santo alado que derrota a Lucifer.

Hay diversidad de credos en el campamento de migrante de Calais, donde sus aproximadamente 6.000 residentes alivian sus penurias asistiendo a servicios religiosos ofrecidos en tiendas y cobertizos. Al hacerlo dejan de lado enemistades étnicas y religiosas que a menudo alimentan la violencia en sus patrias.

"En la selva, todos somos hijos de Dios", dijo Solomon Gatachow, el etíope que supervisa la iglesia ortodoxa, empleando el nombre que prefieren los migrantes para el campamento. "Los musulmanes ayudaron a construir nuestra iglesia. Somos vecinos aquí. Todos debemos respetar la religión del otro".

Su iglesia de la Selva de San Miguel es la estructura más grande construida por los migrantes en el campamento, con una torre coronada por una cruz y pinturas de artistas etíopes y eritreos. Los fieles que llegan besan el símbolo de la cruz en la puerta de entrada y el poste de madera junto a la puerta delantera. Los que entran dejan fuera sus zapatos y sandalias embarrados. La mayoría se sienta en bancos que rodean la iglesia y siguen el servicio a través de un altavoz.

A unos minutos de distancia, miembros de la iglesia pentecostal africana cantan, dan palmas y presentan sus problemas a Jesús durante cinco horas seguidas en una tienda bautizada como la iglesia de la Vida en Cristo. El predicador londinense que les visita, Selomon Goiton, cambia de idioma sin esfuerzo del tigrinya al amharic o el inglés para asegurar que todos entienden su mensaje de esperanza y salvación. La gran duración del servicio resulta ser demasiado para el generador diésel que da energía al micrófono y el órgano, pero nada detiene al guitarrista y el percusionista de djembe.

Los musulmanes elevan plegarias el viernes en al menos ocho tiendas para hablantes de árabe suníes y chiíes, muchas con afiliaciones nacionales concretas como la afgana o sudanesa. Las alfombras de oración y estantes llenos de ejemplares del Corán de muchos colores son la única decoración. Las tiendas se llenan en toda su capacidad y muchos se quedan fuera para inclinarse hacia la Meca y colocar con cuidado sus alfombras de oración en los caminos rocosos y a menudo embarrados.

Cada templo mantiene su distancia en la gran barriada de chozas. Al recorrer el camino principal del campamento, las iglesias cristianas quedan a la derecha y la mayoría de las mezquitas a la izquierda.