Natación salva a hermanas sirias, les abre nuevos horizontes

Ysra y Sarah Mardini se colocan las gorras de baño sobre su larga cabellera negra y se tiran al agua, desapareciendo entre una cantidad de nadadores que dan poderosas brazadas.

Hace dos meses las hermanas Mardini nadaban para salvar su vida tras saltar de un bote inflable que se hundía lentamente mientras transportaba refugiados a Grecia. Ahora cruzan una piscina construida para los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín que se ha convertido en un nuevo hogar para estas dos jóvenes que estaban entre las mejores nadadoras de Siria.

"Todo era lindo", comenta Sarah, de 20 años. "Antes de la guerra".

Al estallar la guerra interna, la familia se trasladó de un sitio a otro, tratando siempre de que las hijas pudieran seguir nadando. Ysra, quien hoy tiene 17 años, llegó a representar a Siria en el campeonato mundial del piscinas cortas en Turquía en el 2012. A medida que se intensificaba el conflicto, al círculo de nadadores de elite fue disminuyendo.

"Éramos entre 40 y 50 nadadores en Siria, ahora quedan tal vez 10 o 17", se lamentó Sarah. "Queremos tener un futuro. Ir a la universidad. Quiero ser una nadadora internacional, y mi hermana también. Pero si nos quedábamos allí, no lo hubiéramos podido conseguir porque las cosas no están bien en Siria".

Las hermanas se fueron de Damasco a principios de agosto como parte de una nueva ola de emigrantes que habían perdido toda esperanza de que el conflicto concluyese pronto. Las jóvenes viajaron al Líbano y de allí a Turquía, donde contrataron contrabandistas para que las llevasen a Grecia.

La guardia costera turca interceptó su embarcación y la envió de regreso. Hicieron un segundo intento en un bote inflable, partiendo al anochecer. Después de media hora empezó a entrar agua en el bote, que estaba recargado. La mayoría de sus ocupantes no podían nadar.

Por la noche comenzó a ventear en el mar Egeo y se tiraron todos los bolsos al agua, pero eso no resolvió el problema. Ysra, Sarah y otras tres personas que también eran buenas nadadoras decidieron tirarse al agua para eliminar peso.

"No tenía miedo de morir porque sabía que podía llegar nadando a la isla. Pero tenía 20 personas conmigo", dijo Sarah. "En Siria trabajé en una piscina, asegurándome de que nadie se ahogara. No me lo hubiera perdonado si alguien se ahogaba o moría".

Durante tres horas se aferraron a sogas al costado del bote, hasta que llegaron a la isla de Lesbos.

Las tres semanas siguientes hicieron un largo recorrido a pie. Algunas personas les daban ropa, otras les robaban. Varios amigos fueron detenidos en las fronteras y gastaron bastante dinero en pasajes de tren que resultaron inútiles ya que las autoridades se negaron a permitir que trenes repletos de refugiados cruzasen las fronteras.

Las hermanas, no obstante, lograron llegar a Austria y de allí a Alemania. Ya en Berlín, una organización caritativa local las puso en contacto con el Wasserfreunde Spandau 04, un club de natación próximo al centro de refugiados al que fueron a parar.

El club les abrió sus puertas y comenzó a entrenarlas diariamente.

Su técnico Sven Spannekrebs dice que sus progresos son notables, aunque es realista respecto a sus posibilidades como atletas de elite. "Pueden nadar al más alto nivel del mundo árabe, pero en Europa las cosas son diferentes por las condiciones en que se entrenan" desde niños, expresó.

Ysra, quien se especializa en el estilo mariposa, se fija grandes objetivos. "Tal vez cuando aprenda alemán pueda ir a la escuela. Quiero ser piloto", manifestó. "Y quiero competir en los Juegos Olímpicos".

Su hermana mayor, mientras tanto, batalla con la burocracia para tratar de traer al resto de la familia a Alemania. Es nadadora de distancias largas.

"Creo que he encontrado un equilibrio en mi vida", dice Sarah. "No podemos hacer nada bueno en la vida si no podemos nadar".