El papa Francisco, decidido a llegar a la gente

La decisión del papa Francisco de rechazar un gran operativo de seguridad para su visita a Brasil ejemplifica su punto de vista de lo que la Iglesia católica debería estar haciendo: salir a las calles, extender la fe, recapturar el dinamismo que han demostrado otras religiones para captar almas.

Luego de su llegada a Río de Janeiro esta semana, esa filosofía ayudó a producir una viñeta que define su joven papado: el pontífice que bajaba la ventanilla para tocar a las multitudes exaltadas que rodeaban su Fiat mientras su chofer y sus guardaespaldas pasaban apuros para que pudiera seguir su camino.

Su exhortación a que la Iglesia sea más misionera y salga a buscar a los fieles a los sitios más marginales recibirá aún más impulso el jueves cuando visite una de las favelas de Río y se reúna con una familia dentro de su casa. Pero aunque sus subordinados en la Iglesia podrían apreciar ese mensaje, muchos se sienten nerviosos en torno al grado al que piensa llegar para transmitirlo.

"Ha usado esa frase de que tenemos que salir a las calles; no podemos permanecer encerrados en nuestras sacristías, no podemos estar mirando la nave (del templo) todo el tiempo", dijo el cardenal estadounidense Timothy Dolan en una entrevista el martes en Río de Janeiro.

Sin embargo, expresó su preocupación por la forma en que el vehículo del pontífice fue rodeado el lunes y dijo que podría ser necesario reforzar la seguridad por el propio bien de Francisco.

"Lo amo y no quiero otro cónclave. Acabamos de concluir uno, por lo que no necesitamos que resulte herido para nada", afirmó.

La multitud rodeó el vehículo de Francisco después de que el automóvil que guiaba su caravana dio una vuelta equivocada y se vio bloqueado por autobuses y taxis, lo que permitió que decenas de miles de brasileños emocionados lo rodearan.

Pero incluso a lo largo de la ruta planeada, había pocas verjas y ningún policía uniformado ni fuerzas armadas, como se esperaría para un jefe de Estado visitante. Sólo unas decenas de elementos de seguridad brasileños y del Vaticano trotaban junto al automóvil del pontífice, en ocasiones incapaces de mantener a raya a las multitudes.

Las autoridades brasileñas dijeron anteriormente que aproximadamente 10.000 policías y más de 14.000 soldados participarían en el plan de seguridad papal general, pero el lunes prácticamente no fue posible ver a ningún agente uniformado.

Andreas Widmer, un ex guardia suizo que protegió al papa Juan Pablo II de 1986 a 1988, dijo que las escenas de Río hacen recordar algunos de los viajes del pontífice polaco que generaron más nerviosismo entre sus elementos de seguridad, incluso después de que resultó herido en un intento de asesinato en la Plaza de San Pedro en 1981. Él lo ve como parte del trabajo del líder de la Iglesia.

"Fundamentalmente uno tiene que ver que el papa no es como un presidente", declaró Widmer el martes desde Boston en una entrevista telefónica. "Uno puede encerrar al presidente en una casa y él nunca ve a la gente común y corriente. El puesto del papa es un ministerio, y un ministerio no puede ser bloqueado por la seguridad".

"No puedes ser papa y no ver a la gente", agregó.

Francisco fue apodado el papa de los barrios pobres en su Argentina natal por la cantidad de tiempo que pasaba en zonas peligrosas cuando era arzobispo de Buenos Aires. Y en un discurso que algunos consideran lo ayudó a ser elegido pontífice, el ex cardenal Jorge Mario Bergoglio le dijo a sus colegas que la Iglesia debe moverse hacia las periferias, no sólo geográficas sino también existenciales.

El papa se encuentra en Brasil para participar en la Jornada Mundial de la Juventud, un evento de la Iglesia que se realiza aproximadamente cada tres años y reúne a católicos jóvenes de todo el mundo.

Ignacio Cano, investigador del Centro para el Análisis de la Violencia en la Universidad del Estado de Río de Janeiro, dijo que, aunque las autoridades quisieran rodear al pontífice con protección, eso "va contra el mensaje que quiere impartir, que es uno de simplicidad, apertura y aproximación".

"A la luz de ese mensaje, aislarlo del contacto con la gente no tiene ningún sentido", agregó.

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Los periodistas de The Associated Press Marco Sibaja y Vivian Sequera en Río de Janeiro y Stan Lehman en Sao Paulo contribuyeron con este despacho.

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