UNESCO distingue a pareja de cazadores de nazis

Una pareja de cazadores de nazis renombrada por haber documentado a los 76.000 judíos franceses deportados durante la Segunda Guerra Mundial y haber rastreado a nazis para llevarlos ante la justicia fue distinguida el lunes con una nueva función: embajadores para la prevención del genocidio en la agencia de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura.

UNESCO, con sede en París, rindió homenaje a Serge y Beate Klarsfeld en una ceremonia en reconocimiento a su apoyo incansable a la causa de los descendientes de los judíos deportados y su "llamado de atención a las sociedades para que reconozcan sus responsabilidades históricas y morales" tras la gran guerra.

"Ustedes han hecho más que administrar justicia: han dado un nombre, un rostro y una historia singular a aquellos a quienes algunos pretendieron borrar de la faz de la tierra", les dijo Irina Bokova, directora general de UNESCO.

Los dos contribuirán al esfuerzo en curso de la agencia para prevenir el genocidio en sitios como el Oriente Medio y Africa, aunque no se dieron a conocer sus papeles específicos.

Serge Klarsfeld, framcés de 80 años, historiador, abogado y sobreviviente del Holocausto, y su esposa alemana de 76, rescataron sistemáticamente documentos en archivos en varias partes del mundo --como firmas, tarjetas de identificación y horarios de trenes-- que décadas después lograron condenas de antiguos nazis y sus colaboradores franceses de 1940 a 1944. Su activismo también condujo a una reevaluación de la colaboración del gobierno de Vichy en la llamada "solución final".

Los Klarsfeld rastrearon a Klaus Barbie, el "carnicero de Lyon", en Bolivia y orquestaron su extradición a Francia. Barbie, condenado en 1987 por ordenar un ataque a un orfanato judío en las afueras de Lyon, murió en la cárcel.

Klarsfeld, un hombre apacible con una voluntad de hierro, nunca cesó de buscar a su presa más esquiva, Alois Brunner, el oficial nazi que ordenó la cacería de judíos en Niza que arrebató a Arno, el padre de Klarsfeld, quien murió en Auschwitz. Klarsfeld lo rastreó en Siria, pero Brunner no fue hallado nunca.

Klarsfeld comenzó su activismo tras una visita a Auschwitz en 1965. "Fue un choque tremendo", dijo a la AP al año siguiente. "Me hizo dar cuenta de que, como sobreviviente, como hijo de una víctima, era mi deber hallar la verdad sobre el genocidio".