¿Podrá Peñaloza rescatar de nuevo a Bogotá si es elegido?

La enorme sonrisa y la barba blanca de Enrique Peñalosa se expanden por toda Bogotá. Aparece indistintamente en el cristal trasero de un coche, en grandes carteles en barrios pobres de la ciudad o en la portada de la revista 'Caras' donde posa junto a su mujer elegantemente vestidos.

A escasos días de la votación, este economista de 61 años y de casi 2 metros de altura (1,94), que hace campaña en bicicleta, busca recuperar el cargo de alcalde que abandonó hace 15 años y así rescatar la mayor ciudad de Colombia, con 8 millones de habitantes, de una profunda crisis de movilidad y seguridad que ha derrumbado la confianza de los capitalinos.

La pelea no será fácil. A pesar de los elogios universales por la transformación que realizó durante su primera gestión entre 1998 y el año 2000, cuando Bogotá se veía como una oasis en una Colombia sumergido por una ola de secuestros y asesinatos, una creciente polarización del electorado y proliferación de candidatos de un corte de centro-derecha ha reducido su ventaja sobre la izquierdista Clara López a apenas 8 puntos porcentuales, según la última encuesta de la revista Semana.

La alcaldía de Bogotá es el segundo cargo más importante del país y el permio mayor en las elecciones del domingo 25 de octubre en las que los colombianos elegirán autoridades locales en más de 1,000 municipios además de los gobernadores de 32 departamentos.

Peñalosa, quien llegó por primera vez a Bogotá a los dos meses de vida en un vuelo procedente de Washington, parece el candidato más cerca de poner fin a un ciclo de 12 años de gobiernos de izquierdas que dejan un modelo agotado de ciudad, según el 74% de los bogotanos creen que las cosas en la ciudad van por mal camino, de acuerdo por una encuesta de la organización 'Bogotá cómo vamos'.

Hasta ahora, en un país conservador como Colombia, gobernar en Bogotá era un símbolo para la izquierda pero el anterior alcalde, Gustavo Moreno, fue encarcelado por corrupción y el actual, Gustavo Petro, un ex guerrillero del M-19, termina su gestión con los peores índices de popularidad en décadas y después de haber sido separado de su cargo durante un mes por irregularidades administrativas.

Un dicho popular cada vez más frecuente es que "Colombia va mejor y Bogotá va cada vez peor".

A pesar de una ola de inversión extranjera y crecimiento económico frenético, es la tercera ciudad con peor calidad de vida en América Latina, sólo superada por Ciudad de Guatemala y Caracas, en una lista de 140 urbes publicada por la prestigiosa Economist Intelligence Unit.

En la capital colombiana son continuos los trancones y en los últimos años apenas se amplió la red de autobuses Transmilenio heredada de Peñalosa. Incluso la bicicleta, anteriormente un símbolo que hizo de Bogotá un ejemplo mundial de ciudad 'verde', languidece frente al coche. En los primeros ocho meses del año murieron 38 ciclistas en accidentes de tránsito y 799 quedaron heridos, según cifras del ayuntamiento, lo que supone un aumento del 20% respecto al año anterior.

La ciudad parece perder el pulso frente a Medellín, la segunda ciudad más importante del país. Mientras que para Medellín la violencia que destruyó la ciudad en los años 80 y 90 es un mal recuerdo y se alaba internacionalmente su eficaz servicio de metro, tranvía y funicular, la capital del país no tiene ninguno de los tres servicios.

"Su gobierno ha sido ideológico, no eficaz", explica Paul Bromberg, ex alcalde de la ciudad y antiguo colaborador de Petro a Associated Press.

En esta ocasión Peñalosa promete construir el metro y ampliar el popular Transmilenio, un servicio de autobuses con carril exclusivo que fue la bandera de su gestión. Sus tres principales rivales prometen lo mismo, pero solo Peñalosa pueda jactarse de tener la experiencia de haber llevado a cabo semejantes inversiones de infraestructura.

Amigos y enemigos políticos reconocen que desde su inauguración en el año 2000 el Transmilenio cambió el rostro de la ciudad y hoy es un ejemplo copiado en más de 60 ciudades de todo el mundo.

Hijo de un ex embajador ante las Naciones Unidas y formado en la Universidad de Duke, en Estados Unidos, Peñalosa es reconocido como un excelente urbanista que transformó la capital y dignificó la periferia con la construcción de cientos de viviendas, parques y mega bibliotecas gracias a su visión de ciudad sostenible y un carácter "impulsivo y apasionado", como lo define su hijo Martín Peñaloza, que hace campaña junto a él.

Sus críticos, sin embargo, señalan que su modelo de ciudad es estéticamente bonita pero sin inclusión social. Y critican su errática carrera política que lo ha llevado a perder cuatro contiendas para la alcaldía y la presidencia desde el año 2000.

"Contempla la ciudad como una persona de la élite que tiene compasión hacia los pobres", dice Bromberg.

Peñalosa, mientras tanto, avanza en las encuestas como un hibrido político que se mueve en su costosa bicicleta entre el recelo de la izquierda, por su cercanía a Álvaro Uribe, y la desconfianza de la derecha, que lo ve como alguien que apoya el diálogo con la guerrilla y la despenalización el aborto. Los capitalinos por ahora parecen dispuestos a confiarle la tarea de 'recuperar Bogotà', como dice su eslogan de campaña.