Alcalde de Roma renuncia tras escándalo por gastos

El alcalde de Roma, Ignazio Marino, renunció el jueves tras un escándalo relacionado con sus gastos que se convirtió en el toque final de una campaña de meses librada por sus opositores dentro y fuera de su Partido Democrático para sacarlo del puesto.

En una carta dirigida a los ciudadanos, Marino dijo que su renuncia no es un reconocimiento de culpabilidad y mencionó una ley italiana que señala que podría revocarla en un plazo de 20 días. Insistió en que está siendo el chivo expiatorio por haber extirpado la corrupción y la infiltración de la mafia en el ayuntamiento del gobierno anterior, y se comprometió a exponer la verdad.

Los fiscales de Roma iniciaron esta semana una investigación del uso de la tarjeta de crédito de la alcaldía de Marino después de que surgieran preguntas sobre si pagó comidas familiares bajo el argumento de que eran eventos oficiales.

Los periódicos documentaron media docena de comidas por un total de algunos cientos de euros donde tanto los supuestos invitados o el restaurante en sí rechazaron la versión que Marino dio sobre los eventos.

El alcalde, un cirujano de trasplante de hígado que entró a la política hace una década, negó haber hecho algo ilegal. Pero a medida que aumentó la presión el miércoles, prometió devolverle a la ciudad la cuenta completa de la tarjeta de crédito de 20.000 euros (22.600 dólares), incluidos gastos legítimos no objetados.

Sin embargo, fue insuficiente.

Su Partido Democrático, que desde hacía meses mostraba un apoyo tibio a su gobierno, finalmente se lo retiró y dijo claramente que él había perdido su mandato.

Marino se encontraba cada vez más aislado en su propio partido --y del primer ministro Mateo Renzi-- y vio su popularidad decrecer tras una serie de investigaciones de corrupción y escándalos que involucran a la administración pública de Roma, la mayoría relacionada con presuntos delitos durante el periodo de su predecesor Gianni Alemanno, de centro-derecha.

Una investigación masiva en torno a la concesión de contratos de obras públicas ha implicado a políticos y a empresarios tanto de derecha como de izquierda, entre ellos el mismo Alemanno.

Marino nunca fue implicado y desempeñó un papel importante en el reporte de lo ocurrido a los fiscales.

Desde hace tiempo la corrupción en Roma ha prosperado con el contubernio de políticos municipales, administradores y mafiosos locales que distribuyen los contratos de la ciudad, al tiempo que evaden las licitaciones públicas para adjudicarlos. Los que participan se embolsan jugosos sobornos.

Eso pasó inadvertido en gran medida hasta que las investigaciones se intensificaron bajo la supervisión de Marino, lo que podría hacer pensar que su caída fue al menos en parte resultado de haber expuesto y ayudar a revertir la forma en que se hacen las cosas aquí.

En una carta de despedida, Marino se comprometió a encontrar la verdad a pesar de albergar un "grave miedo" de que el ayuntamiento regrese a su pasado "de especulación, intereses privados ilegales, de un mecanismo corrupto de la mafia" que, dijo, amenazaban arrastrar consigo más que solamente al partido.

Más recientemente, incluso la Santa Sede perdió la confianza en su capacidad para gobernar.

El papa Francisco se veía molesto por la insinuación de Marino de que el Vaticano le había solicitado asistir a la gran misa final del pontífice en Filadelfia con la que concluiría su visita a Estados Unidos. En una conferencia de prensa al volver a casa, el papa hizo énfasis que ni él ni los organizadores del encuentro de familias católicas lo habían invitado.

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Nicole Winfield está en Twitter como www.twitter.com/nwinfield