Vaticano, Brasil discuten seguridad papal

Altas autoridades del Vaticano y del gobierno brasileño sostuvieron una reunión el martes para debatir preocupaciones sobre el esquema de seguridad del papa Francisco y ajustarlo a su deseo de tener contacto con la gente.

El vocero del Vaticano, padre Federico Lombardi, dijo en conferencia de prensa al final de la jornada que esas reuniones son normales y que las agendas de los papas no vienen ya listas y decididas desde Roma.

Aseguró también que tanto la reunión como algunos cambios en la agenda --tales como que el pontífice usará mañana por la tarde un carro cerrado y no el pequeño camión abierto para una visita a un hospital de Rio de Janeiro-- no eran producto de la "confusión" del lunes al arribo del santo padre, cuando su pequeño auto cerrado quedó atascado en medio de fieles y el tránsito.

"No, una reunión como esta es absolutamente normal... (la agenda) no es algo que es definido de una vez en Roma", dijo Lombardi.

A la reunión asistieron tanto Domenico Gianni, jefe de seguridad; Alberto Gaspari, quien organiza los viajes del papa; Gilberto Carvalho, secretario general de la Presidencia brasileña; el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, y representantes del ministerio de la Defensa y la policía federal, dijo Lombardi.

Otros cambios decididos fueron que para su viaje al templo de Aparecida, en Sao Paulo, el pontífice irá en avión y no helicóptero, debido al mal tiempo que se ha presentado con lluvias y fuertes vientos.

Además la agenda fue modificada para que el jueves al mediodía en la catedral de Rio Francisco se reúna con sus coterráneos: los feligreses argentinos, dijo Lombardi.

Dijo que no había otros cambios y que el papa seguirá usando para todas sus demás actividades el coche abierto, incluyendo su entrada a la basílica de Aparecida el miércoles en Sao Paulo. "Por simplicidad no será doble itinerario, todo en un carro cubierto", dio Lombardi al referirse al cambio en el vehículo mañana en la visita al hospital.

Pese a que una caravana de carros que llevaba al papa terminó atascada en el tráfico de una avenida importante de esta ciudad y que cientos de fieles se abalanzaron sobre el Fiat que transportaba a Francisco, funcionarios del gobierno brasileño dijeron el martes que su evaluación de la seguridad prestada al sumo pontífice es "positiva".

"La evaluación fue positiva pues no hubo incidente que involucrara al papa o a cualquiera de los fieles", según un correo electrónico enviado a The Associated Press por las autoridades.

El mensaje dijo que el enjambre de personas que rodearon el Fiat y detuvieron la caravana "se produjo por una serie de razones, en particular por la decisión del propio Vaticano, en relación con la visibilidad que le querían dar al papa y el contacto que él busca con los peregrinos, expresado por él mismo. La velocidad reducida de la caravana y la ventana abierta del vehículo son los hechos que revelan el perfil de este pontífice y el impulso dado para que los fieles se le acerquen".

Ninguna de las fuerzas devolvió las llamadas realizadas por The Associated Press el martes en busca de más información.

Con todo, el incidente causó sorpresa.

"Yo fui uno de esos alarmados", dijo el cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York y presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos. "Yo lo amo (a Francisco) y no quiero otro cónclave. Acabamos de terminar uno, así que no necesitamos que le pase algo, así que quizá necesitan ajustar la seguridad un poquito".

"La gente de Brasil, la gente de América Latina tiende a ser entusiasta por naturaleza, simplemente son muy dinámicos en su fe", agregó. Queremos, dijo Dolan, "el entusiasmo, la bienvenida exuberante, esa no es la sorpresa. Esperábamos eso. La sorpresa fue él, que dijera *no necesito seguridad*, *no necesito ese carro*. Pienso que ahora él sabe que lo necesita".

Andreas Widmer, un ex miembro de la guardia suiza que trabajó protegiendo al papa Juan Pablo II del 1986 a 1988, dijo que las escenas de Río de Janeiro constituían una reminiscencia de algunos de los viajes más espeluznantes realizados por el llamado 'papa mexicano', incluso después de haber sido herido en un intento de asesinato en la plaza de San Pedro en 1981.

Widmer cree que estos sucesos hacen parte del trabajo de cualquier pontífice.

"Fundamentalmente hay que ver que el papa no es como un presidente", dijo Widmer el martes en una entrevista telefónica con la AP. "A un presidente se le puede encerrar en una casa y nunca verá personas comunes y corrientes. La oficina del papa es un ministerio y un ministerio no pueda ser obstaculizado por temas de seguridad."

"No se puede ser Papa y no ver a la gente", agregó.

En la jornada nadie asumió la responsabilidad por el desorden del lunes.

Aún se desconoce quién manejaba el primer vehículo de la caravana papal y que era seguido por el Fiat en que viajaba el pontífice, o para qué institución trabajaba el conductor.

Lombardi aclaró que, pese a las multitudes, Francisco no va a cambiar su decisión de utilizar un vehículo sin techo y sin blindaje, similar al papamóvil, incluso para los eventos multitudinarios que siguen en Brasil: el discurso que va a pronunciar en la playa de Copacabana el miércoles, la procesión de la Cruz del viernes, una vigilia prevista para el fin de semana y una misa en una zona rural de Río.

"Obviamente él desea tener la posibilidad de un contacto muy directo con la gente", dijo Lombardi. "Esto es claro y no una militarización de la situación. Pero las soluciones concretas no son escogidas por él. El carro es igual al que usa en (la plaza de) San Pedro, pero modificado con el techo abierto".

Esa monumental plaza, sin embargo, es un escenario cerrado y bajo estricto control: policías italianos y del Vaticano rodean el lugar, los fieles son mantenidos detrás de altas barreras y equipos de guardaespaldas acompañan al auto todo el tiempo.

"Primero, el papa Francisco quiere estar cerca del pueblo", dijo el arzobispo de Sao Paulo, Odilio Scherer. "Segundo, no ocurrió nada demás ayer, incluso cuando estaba preso en tránsito. Tercero, las autoridades de seguridad están haciendo su trabajo. Cuarto, no debemos exagerar en las cuestiones de seguridad como si fueran elementos peligrosos los que se le acercan. Somos gente de paz".

Al inicio de la visita, las autoridades brasileras dijeron que cerca de 10.000 policías y más de 14.000 soldados harían parte integral del plan de seguridad previsto para la visita papal.

En Rio de Janeiro, Paulo Storani, experto en seguridad, indicó que hay que tener en cuenta dos aspectos que tienen que ser analizados con respecto al vehículo rodeado por los cientos de fieles. "Desde el punto de vista de un jefe de Estado, y el papa es un jefe de Estado, es inaceptable lo que sucedió", dijo. "Esa proximidad que las personas tuvieron con él fueron un riesgo de seguridad y hasta para su imagen".

Pero "por otro lado, tratándose del jefe de una iglesia y una figura carismática como es el papa, la situación es diferente porque él mismo quiere tener esa proximidad con las personas. La comitiva de seguridad tiene que adaptarse para evitar riesgos a la integridad física de él", agregó Storani.

La actitud del papa "fue valiente en ir en carro abierto y no creo que va a cambiar esa actitud, pero va a necesitar mucha más atención para su seguridad". Se va a necesitar "más trabajo de inteligencia policial para detectar amenazas potenciales a la seguridad del papa y mayor presencia de agentes policiales vestidos de civil en el medio de la multitud para trabajar en su seguridad".

Antes de ser papa, Francisco dejó claro que la iglesia Católica debe dejar de ser una institución tan cerrada y que debe salir a los confines del mundo para interactuar con los más marginados.

Muchos cardenales han llamado la atención al discurso que Francisco cuando era el cardenal Jorge Mario Bergoglio, días antes de ser elegido como representante de Cristo en la tierra, en el que señaló claramente la misión de la iglesia.

La iglesia, dijo en su discurso, debe "avanzar hacia la periferia, no sólo geográfica, sino también existencial: hacía el pecado, al sufrimiento, a la injusticia, a la ignorancia y la abstención religiosa, a la miseria."

"Cuando la iglesia no sale de sí misma para evangelizar, se vuelve autorreferencial y por lo tanto se enferma... Los males que, con el tiempo, se producen en las instituciones eclesiásticas tienen su raíz en (ser auto-referencial); una especie de narcisismo teológico", dijo entonces Bergoglio.

Cuando se convirtió papa, esas palabras se volvieron acción, incluso antes de su viaje a Río de Janeiro. Su primera visita a una parroquia en Roma fue a una iglesia en un barrio pobre en las afueras de la capital. Su primer viaje fuera de Roma fue a Lampedusa, en la península italiana, una islita cerca de África, dónde lamentó la muerte de los inmigrantes que tratan de llegar a Europa.

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A este análisis noticioso contribuyeron los corresponsales de The Associated Press Bradley Brooks y Nicole Winfield en Rio de Janeiro, y Libardo Cardona en Bogotá.