Los simbolismos no pasaron desapercibidos para los presentes y, sin duda, para el invitado de honor.

Allí estaba el presidente venezolano Nicolás Maduro, vestido de azul marino y rojo, sentado en una tarima del Teatro Nacional Negro en Harlem, rodeado por líderes de las comunidades afro-americana y afro-caribeña en Estados Unidos. Flores rojas y amarillas, los colores de la bandera de Venezuela, adornaban las chaquetas de muchos de los presentes.

Dos enormes pancartas colgadas a cada lado del teatro anunciaban, en inglés y español: "Bienvenido al Corazón de Harlem, Presidente Nicolás Maduro".

Mientras otros mandatarios se reunían con líderes políticos y empresariales en el centro de Manhattan en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Maduro se trasladó al eje de la comunidad afro-americana en Nueva York para participar de una cumbre de líderes afrodescendientes.

Con una imagen maltrecha en Estados Unidos, donde generalmente es visto como un líder populista y opresor de la disidencia, Maduro hizo de todo para ganarse a una audiencia que de todas formas era abrumadoramente parcial a su causa.

"No pueden acostumbrarse los presidentes a estar sólo entre elites o entre los pasillos protocolares de los palacios", lanzó Maduro. "Si a nosotros nos ponen a elegir, nosotros elegimos venir a Harlem, venir a Brooklyn, venir al Bronx".

La actividad fue en el mismo barrio donde Fidel Castro, estrella polar del gobierno venezolano, se hospedó durante la asamblea general de la ONU de 1960. El mismo lugar que el mentor de Maduro, su fallecido antecesor Hugo Chávez, visitó en 2006 y por donde el siglo pasado desfilaron activistas de los derechos de los afrodescendientes como Malcolm X y Marcus Garvey.

Al entrar al teatro Maduro fue recibido por un grupo musical que tocaba ritmos africanos en tambores. Sin pensarlo dos veces, agarró una baqueta y tocó uno de los tambores mientras el público gritaba "Chávez vive vive, la lucha sigue sigue" y "Viva Fidel".

Luego de mensajes de líderes laborales y de los derechos de los afrodescendientes, Maduro fue presentado por el actor estadounidense Danny Glover. "El legado de Hugo Chávez vive en el espíritu del presidente del estado bolivariano de Venezuela, Nicolás Maduro", exclamó Glover.

La figura de Chávez fue protagonista en la velada. Desde las pancartas con su imagen en las que aparecía su año de nacimiento (1954) seguido de la palabra "Forever" (Por Siempre) en vez de su año de deceso (2013), hasta las camisetas con la estampa de sus ojos, era imposible escapar al recuerdo del expresidente.

Chávez dio un discurso en Harlem en 2006 después de que en la Asamblea General de la ONU de ese año calificó de "diablo" al entonces presidente estadounidense George W. Bush.

"Harlem es una leyenda en el mundo de la lucha por la justicia, por la igualdad, por los derechos de los pueblos", dijo Maduro al tomar el podio para arrancar vítores de los presentes, en su mayoría miembros de las comunidades afroamericana y afrocaribeña.

Su discurso se centró contra el "imperialismo" estadounidense, el capitalismo y las transnacionales. También criticó los recientes casos de brutalidad policiaca contra afroamericanos en Estados Unidos.

"Desde Suramérica, créanme queridos hermanos de los Estados Unidos, hemos sufrido junto a ustedes. Desde Ferguson nos ha dolido constatar que ese viejo andamiaje del racismo anda por allí como un fantasma persiguiendo a nuestro pueblo", apuntó en referencia a la muerte de un afroamericano en Ferguson, Missouri, a manos de policías, un caso que fue la chispa para una serie de manifestaciones.

Maduro cerró su alocución festejando la "unión del pueblo de Estados Unidos y del pueblo de Venezuela" y a su salida del recinto se detuvo en la acera y habló por varios segundos con un hombre enano en muletas. No muy lejos, un grupo observaba con curiosidad el frenético movimiento de personal de seguridad. "¿Quién es ese?", preguntó un hombre en inglés. "El presidente de Venezuela", respondió otro.