Un día después de que una estratégica ciudad en el norte de Afganistán cayó bajo el control del Talibán, insurgentes se desplegaron el martes con toda su fuerza, cerrando caminos, construyendo rápidamente puntos de control e incendiando edificios gubernamentales mientras temerosos residentes se apiñaban en el interior de viviendas entre signos de que una prometida contraofensiva afgana se tambaleaba.

Aviones de combate estadounidenses realizaron dos ataques contra posiciones talibanas, pero tropas terrestres enviadas para tratar de retomar Kunduz, una de las ciudades afganas más acaudaladas, quedaron varadas por barricadas y emboscadas, incapaces de acercarse a menos de dos kilómetros de su objetivo.

Un oficial de la Organización del Tratado del Atlántico Norte dijo que era improbable que se realizaran más ataques ya que "todos los talibanes están dentro de la ciudad, al igual que toda la gente". El oficial pidió no ser identificado debido a que no está autorizado a informar a la prensa sobre el asunto.

Sus palabras son indicio de que la lucha para recuperar la ciudad involucraría un laborioso combate calle por calle debido a que las fuerzas del gobierno tratarían de evitar pérdidas civiles en la ofensiva.

Dentro de la ciudad, los residentes estaban asombrados por la audacia de los insurgentes, quienes atacaron Kunduz por varios frentes antes del amanecer del lunes, tomando por sorpresa al gobierno, a la agencia de inteligencia y a las fuerzas militares.

Los insurgentes utilizaron altavoces en mezquitas para decir a la gente que estaban seguras. Pero los residentes, recordando la brutalidad del grupo durante su gobierno en Afganistán de 1996 a 2001, estaban temerosos de lo que vendría.

"Kunduz es ahora una ciudad fantasma, el temor ha hecho que la gente se encierre en sus casas", dijo Folad Hamdad, un periodista independiente local que escapó la tarde del lunes a la vecina provincia de Takhar.

Señaló que talibanes armados estaban yendo puerta por puerta "buscando funcionarios de gobierno, comandantes de la policía local, a cualquiera en quien pudieran pensar. Nadie está a salvo".

La caída de la ciudad de 300.000 habitantes --primera zona urbana tomada por el Talibán desde que la invasión estadounidense derrocó su régimen hace 14 años-- es un golpe para el presidente Ashraf Ghani, quien ha apostado su presidencia a traer paz a Afganistán y buscar atraer al Talibán a negociaciones de paz.