El vicepresidente está a un paso de ser enjuiciado, acusado de intentar adueñarse de la única imprenta capaz de emitir papel moneda. Propiedades de la presidenta están bajo la lupa de la justicia por supuestas maniobras de lavado de dinero. Uno de los opositores más conocidos renuncia a su candidatura a diputado en medio de denuncias de irregularidades en sus negocios.

La campaña presidencial está marcada por una seguidilla de denuncias e investigaciones de irregularidades de la clase política y los argentinos dudan si son serias o pura ficción. Pero una cosa está clara: No parecen afectar las posibilidades de los candidatos. Daniel Scioli, del peronismo oficialista, sigue aventajando a sus rivales de cara a los comicios del 25 de octubre.

"La corrupción no le para los pelos a nadie en este país", dijo a The Associated Press Patricio Giusto, director de la consultora Diagnóstico Político.

Quien se muestra más dispuesto a dar batalla contra los corruptos, el peronista disidente Sergio Massa, está tercero, lejos, en las encuestas.

La corrupción figura cuarta en la lista de principales preocupaciones del electorado, según una encuesta del Centro de Estudios de Opinión Pública de julio. La inseguridad es la mayor inquietud del 49% de los encuestados, seguida por la economía y la inflación (41,3. La corrupción fue mencionada por el 28,9%.

"La corrupción es inherente a la cultura de acá. Es un problema que queda en la superficialidad cuando decimos que 'todos son chorros (ladrones) y hay que votar al que menos roba", señaló a la AP Sergio Rojas, de 26 años y para quien las necesidades más acuciantes son mejorar la educación y atajar la inflación.

El tango "Cambalache" parece hoy tan actual como cuando Santos Discépolo lo compuso en los años 30, al sentenciar que "resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador".

Argentina figura en el puesto 107 de un ranking de 174 posiciones del informe de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional de 2014. Arriba en la lista, mejor valorados, aparecen México, Bolivia o Brasil, donde las prácticas irregulares son moneda corriente.

Matías Pérez, desempleado de 35 años que días atrás pedía dinero cerca de una iglesia, está preocupado por la falta de trabajo y la subida de los precios. Afirmó que votará por Scioli porque no cree en las acusaciones de deshonestidad que salpicaron en los últimos meses a funcionarios del gobierno y a la presidenta, quien ungió al candidato como su potencial sucesor.

El caso más sonado involucra al vicepresidente Amado Boudou, que enfrenta un juicio acusado de haber intentado adueñarse de la única imprenta capaz de emitir papel moneda cuando se desempeñaba como ministro de Economía. Boudou niega la imputación y no ha renunciado.

Además, ex funcionarios de los ámbitos de Economía y Transporte han sido enjuiciados por sobornos y malversación de fondos y la propia presidenta y algunos familiares son investigados en el marco de una causa judicial porque un empresario muy cercano a ellos habría utilizado un hotel de la mandataria en la Patagonia para realizar supuestas maniobras de lavado de dinero. La pesquisa por ahora no ha derivado en medidas procesales.

El jefe de los ministros, Aníbal Fernández, por otro lado, es investigado como posible autor intelectual de los asesinatos de tres empresarios involucrados en el tráfico de efedrina, y de estar metido en el negocio de la droga. La acusación la hizo un individuo condenado por los tres asesinatos. El funcionario lo negó y dijo ser víctima de una operación política para perjudicar su candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires. El caso, que investiga un fiscal, no derivó por el momento en ninguna medida legal.

Scioli se mantiene indemne a todas estas denuncias y acaricia la posibilidad de sentarse en el sillón presidencial.

Una encuesta de la consultora Julio Aurelio Aresco realizada el 8 y 9 de septiembre y con 4.165 consultados mostró que el hoy gobernador de la provincia de Buenos Aires cuenta con una intención de voto proyectada de 40,6%, frente al 29,4% del conservador Mauricio Macri, y que así se impondría en una primera vuelta. Una segunda encuesta también le da ganador mientras que otras muestran que tiene amplia ventaja pero pronostican un escenario de balotaje entre los dos más votados.

Al ser preguntado por AP sobre algunos escándalos, Scioli dijo en días recientes que "ante la impotencia de no haber generado una propuesta superadora", la oposición "siembra desánimo en el pueblo argentino... que no quiere ir para atrás, quiere ir para adelante".

Macri, alcalde saliente de Buenos Aires, se vio sacudido a su vez por un escándalo que salpicó a Fernando Niembro, uno de sus candidatos a diputado, pero la merma que sufrió en la intención de voto fue escasa, 1% según Julio Aurelio Aresco. El líder conservador aceptó la renuncia de Niembro, un conocido periodista deportivo, después de que la justicia abriera una investigación para determinar si la antigua empresa del aspirante a la banca fue favorecida para realizar servicios para la alcaldía.

Según el analista Jorge Giacobbe, los argentinos "no piensan en votar buenas personas porque las buenas personas no podrían dominar el potro", es decir, un país históricamente inmanejable, como han revelado sus cíclicas crisis políticas y económicas.

Scioli se presenta como el continuismo del kirchnerismo, la corriente creada por Fernández y su fallecido marido y antecesor, Néstor Kirchner (2003-2007), que enderezó al país después de la debacle económica de 2001. El ex piloto de motonáutica, que perdió su brazo derecho en una competición y se ha guiado en el espinoso mundo político por el instinto de supervivencia y el don de la oportunidad, insiste sobre todo en que habría que bajar el tono de la confrontación política y hacer algunos retoques a la economía para atraer inversiones y bajar la inflación.

Según economistas, la subida de los precios alcanzaría en 2015 al menos 27%, siete puntos más de lo que admite el gobierno.

Scioli no menciona los casos de supuesta corrupción que salpican al oficialismo y concentra su discurso en la necesidad de seguir fomentando la industrialización y el consumo. Apenas habla de la inseguridad.

Macri tampoco detalla cómo combatiría la corrupción. En los últimos días centró su campaña en "pobreza cero en la Argentina, derrotar al narcotráfico y unir a todos los argentinos".

Roberto Bacman, director de la encuestadora CEOP, apuntó que "en épocas electorales Argentina prioriza la economía y la gobernabilidad" y destaca que Scioli "no ha sufrido un escándalo... y en los medios es una persona protegida" desde su época de deportista.

Además, la situación económica está a años luz de la debacle de 2001, lo que "ayuda a que los escándalos no impacten en el humor del electorado", dijo a la AP Mariel Fornoni, titular de Management & Fit.

En el marco de una campaña electoral chata, los sectores populares hacen la vista gorda, deseosos de mantener los beneficios sociales que mejoraron su calidad de vida. "La gente dice mejor no cambiar, sobre todo los que se mantienen con subsidios", dijo Giusto.

La justicia "no ayuda" a discernir si los escándalos son verdad al proceder con calculada "lentitud", dijo a su vez a la AP el periodista Hugo Alconada Mon, autor del libro "La piñata", que analiza supuestos hechos de corrupción del kirchnerismo.

"Los corruptos en Argentina temen más al escrache (el rechazo social y público) que a la cárcel", señaló.