El papa Francisco pidió a cientos de miles de fieles que se reunieron el domingo para el evento principal de su visita a Estados Unidos que estuvieran abiertos a los "milagros del amor", y cerró su gira de seis días con un mensaje de esperanza para las familias, de consuelo para las víctimas de abuso sexual infantil y con una advertencia para los obispos del país.

El extenso boulevard Benjamin Franklin se abarrotó de visitantes jubilosos, que hicieron fila durante horas y soportaron operativos de seguridad estilo aeroportuarios para ver al primer papa de origen americano oficiando misa al aire libre en el lugar donde nacieron los Estados Unidos.

La misa, el último gran evento en la agenda del pontífice antes de que volara de regreso a Roma, fue un vibrante cuadro de dorado, verde, blanco y morado bañado por el sol del atardecer otoñal.

Recorriendo las calles en el papamóvil, Francisco saludó a una multitud que aplaudió, gritó, cantó y ondeó banderas. Además besó bebés y llegó hasta el altar al pie de las escaleras que llevan al Museo de Arte de Filadelfia.

Con un enorme crucifijo dorado a sus espaldas, Francisco dijo a la congregación que su sola presencia era "una especie de milagro en el mundo de hoy", una reafirmación de la familia y el poder del amor.

"Ojalá cada uno de nosotros se abriera a los milagros del amor para el bien de todas las familias del mundo", dijo a la callada multitud reunida en la calle.

Personas a kilómetro y medio de distancia guardaron silencio durante la comunión. Algunos se arrodillaron sobre el pavimento en la Alcaldía, a unas cuadras del altar.

June Bounds, de 56 años y nativa de Rochester, Nueva York, observaba al lado de otros fieles una pantalla gigante instalada en la Alcaldía; luego cerró los ojos y las lágrimas comenzaran a rodar por sus mejillas.

"Es sobrecogedor", reconoció. "Sientes que eres uno con los demás, ya sea aquí, en casa o en cualquier parte del mundo".

Sobre el papa, dijo: "Ha traído tanta alegría y al espíritu santo a Estados Unidos. No importa si eres católico o no; solo intenta unir a todos por un mundo mejor".

Los organizadores esperaban la asistencia de un millón de personas, aunque existía el temor de que los fuertes operativos de seguridad que incluía procedimientos similares a los utilizados en aeropuertos, barricadas y calles cerradas, hubieran ahuyentado a algunos de los que planeaban asistir.

Hubo menos pasajeros en el tren de lo esperado, los hoteles del centro de la ciudad no se llenaron durante el fin de semana, y las calles lucían desiertas. Algunos comercios cerraron antes de tiempo y muchos residentes de Filadelfia se quejaron de que las medidas de precaución eran opresivas.

Anteriormente, Francisco tuvo un mensaje mucho más solemne para las familias marcadas por los pecados de la misma Iglesia.

El papa se reunió con cinco víctimas de abuso sexual infantil y les dijo que lamentaba "profundamente" los momentos en que dieron a conocer su historia y no les creyeron. Les aseguró que les cree y que los obispos que encubrieron a los abusadores deberán responder por lo que hicieron.

"Me comprometo a seguir el camino de la verdad, donde quiera que nos pueda llevar", dijo Francisco. "El clero y obispos tendrán que rendir cuentas de sus acciones cuando abusen o no protejan a los menores".

Minutos después, se reunió con obispos de Estados Unidos y el resto del mundo, que estaban en la ciudad para un festival católico sobre la familia y les dijo lo mismo.

"Dios llora" por lo que se le hizo a los jóvenes, lamentó.

El papa ha acordado la creación de un nuevo tribunal del Vaticano para juzgar a obispos que no protegieron a su congregación, y aceptó la renuncia de tres obispos estadounidenses acusados de manejar de manera errónea los casos de abuso.

Durante su primer encuentro con las víctimas, sostenido en julio de 2014 en el Vaticano, el pontífice hizo promesas similares de responsabilizar a los obispos, pero el domingo fue la primera vez que les advirtió, cara a cara y en público.

Sin embargo, en un esfuerzo aparente por reformular el debate, el Vaticano señaló que no todas las víctimas en la reunión sufrieron a manos de sacerdotes; algunos fueron violados por familiares o educadores. Eso subrayó el argumento del Vaticano de que el abuso infantil no es problema exclusivo de la Iglesia.

Grupos de apoyo a víctimas no se mostraron impresionados por la reunión, realizada en un seminario a las afueras de Filadelfia y que tuvo una duración de más de media hora.

La principal organización de apoyo, SNAP, la definió como un ejercicio de relaciones públicas.

"Ahora que el papa habló por séptima, octava o novena ocasión con las víctimas de abuso, ¿los niños de cualquier parte del mundo están más seguros? No", dijo David Clohessy, miembro de SNAP.

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Los periodistas de The Associated Press Michael R. Sisak, Maryclaire Dale y Kathy Matheson contribuyeron a este despacho.