Miles de personas participaron este sábado en marchas y protestas en distintos puntos del país para conmemorar el primer aniversario de la desaparición de 43 estudiantes rurales y cuyo destino todavía se desconoce.

Padres y familiares de los alumnos de la Normal Rural de Ayotzinapa encabezaron los actos centrales en Ciudad de México, una manifestación que partió a mediodía de la Presidencia de la República, y en la que decenas de miles de personas volvieron a exigir al gobierno federal que se haga justicia en un caso que conmocionó dentro y fuera del país y fue el más duro ejemplo de la colusión entre autoridades y la delincuencia organizada.

"Sigue prendida la llama de la indignación, del coraje de los padres", dijo en el zócalo la primera madre que tomó la palabra y que se identificó solamente como Carmelita. "Una vez más le demostramos (al gobierno) que el pueblo de México no nos ha dejado solos".

Pese a la lluvia que caía sobre la capital y después de meses de manifestaciones minoritarias, los mexicanos volvieron a lanzarse masivamente a las calles el sábado.

"Es importante que todos estemos aquí para decir que estamos indignados, que queremos un cambio, acceso a la justicia y cero violaciones a los derechos humanos", declaró Mariana Cervantes, una psicóloga embarazada y que fue acompañada de su hijo de siete años.

Las banderas de México en blanco y negro se mezclaban con las fotografías de los desaparecidos, los reclamos de justicia y el número 43, ya sinónimo de la tragedia.

A mitad del recorrido, un grupo de niños que sostenían una gran pancarta con dibujos de los estudiantes desaparecidos y globos coreaban al paso de la marcha consignas como "Ayotzi, aguanta, los niños se levantan".

"Ayer fueron sus hijos, mañana, Dios no lo quiera, pueden ser los míos, o mis nietos", señaló Socorro Rodríguez, un ama de casa de la capital. "Los padres de los desaparecidos deben saber que no están solos".

María Guadalupe Vivencio, una mujer del norteño estado de Tamaulipas cuya falda era una bandera de México ensangrentada, decía entender bien el dolor porque tres de sus familiares han muerto por la violencia. Pero aseguró que apoyar a los padres de Ayotzinapa es importante.

"Esto es un ejemplo para que los demás mexicanos despierten y no callen", subrayó.

En Guerrero también hubo protestas y miles marcharon por la autopista que conecta el estado con Ciudad de México sin que se registraran disturbios.

El 26 de septiembre de 2014, policías coludidos con la delincuencia organizada atacaron a los estudiantes que habían llegado a la ciudad de Iguala, en el sureño estado de Guerrero, a tomar unos autobuses para participar en una manifestación.

Según un grupo de expertos internacionales, el ataque contra los estudiantes fue desproporcionado y coordinado, mientras fuerzas federales monitorearon los sucesos sin prestar ninguna ayuda a las víctimas. El grupo dijo que se violaron los derechos humanos de 180 personas, entre las cuales hubo seis asesinados y 43 estudiantes desparecidos.

Organizaciones de todo tipo, desde Naciones Unidas a la Iglesia Católica, así como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y senadores estadounidenses, hicieron pública su preocupación por la falta de avances en la investigación y solicitaron al gobierno mexicano --con más o menos contundencia-- que esclarezca el caso, máxime después de que el informe de los expertos internacionales echó por tierra la versión oficial de los hechos, que aseguraba que los 43 estudiantes fueron calcinados en un basurero.

En un encuentro con los padres esta semana, el presidente Enrique Peña Nieto prometió crear una fiscalía especializada para investigar los más de 25.000 desaparecidos que hay en México, algunas de cuyas familias se atrevieron a denunciar después del caso de los 43.

Sin embargo, los padres de los estudiantes siguen escépticos ante el gobierno y las consignas contra el presidente volvieron a escucharse.

"Si ellos le apuestan al cansancio, están perdidos", aseguró Mario César González, padre de otro de los estudiantes y quien insistió en que su lucha continuará todavía tienen esperanzas de encontrarlos con vida.

Otros movimientos, como cuando se organizaron diversas caravanas por la paz en 2011, tuvieron gran apoyo pero luego quedaron en el olvido.

"Hay que protestar", dijo Francisco de la Isla, un profesor universitario que participó en la marcha. "Pero puras marchas no son suficientes. Se necesita un movimiento político".