En una visita a puntos emblemáticos de la ciudad más grande de Estados Unidos, el papa Francisco consoló el viernes a familias de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en el lugar de aquellos trágicos acontecimientos, lanzó una advertencia ambiental ante gobernantes del mundo en la ONU y alentó a niños escolares en Harlem, en una jornada en la que el pontífice se mezcló con la opulencia y los humildes, una de las principales característica de su papado.

Poco antes del anochecer, Francisco encabezó un desfile jubiloso por Central Park entre una multitud de unas 80.000 personas y celebró una misa en el Madison Square Garden, generalmente escenario de partidos de basquetbol y conciertos de rock, pero que esta vez lo fue para un servicio religioso con el que se celebró a toda la diversidad en Nueva York.

Vivir en una gran ciudad no siempre es fácil, declaró el pontífice ante unas 18.000 personas en el Garden, que fácilmente reunió a uno de los auditorios más grandes jamás visto en el lugar.

Sin embargo, las grandes ciudades son recordatorio de las riquezas escondidas presentes en este mundo por la diversidad de sus culturas, tradiciones y experiencias históricas, agregó.

El itinerario de Francisco en su único día completo en Nueva York estuvo lleno de contrastes adecuados para un jefe de estado al que llaman el "papa de las villas miseria" por su devoción hacia los pobres. Se desplazó desde una zona de poder y opulencia hasta un sector de viviendas públicas, y cruzó la frondosa vegetación de Central Park.

Francisco atrajo grandes multitudes que le mostraban adoración al tiempo de entablar una comunicación individual con incontables neoyorquinos, a pesar de las medidas de seguridad estrictas y extraordinarias, como el cierre de muchas calles y las vallas policiales que mantenían a distancia a los espectadores.

"Cuando pasó, se sintió una paz agradable y refrescante, como si él hubiera extendido una manta de paz entre la multitud", afirmó Ruth Smart, de Brooklyn, en referencia a la procesión que tuvo lugar en Central Park. "La multitud gritaba pero sólo de alegría".

El sábado en la mañana, Francisco viajará en avión a Filadelfia para asistir al gran Encuentro de Familias Católicas que organiza el Vaticano. Según previsiones, hasta un millón de personas podrían asistir a la misa de clausura que se efectuará el domingo, la última jornada de los seis días de la primera visita del pontífice por tres ciudades de Estados Unidos.

A medida que la misa del viernes se acercaba a su final en medio de un aplauso estruendoso y largo, el cansancio cobró su factura al Papa, a quien ayudaron a que descendiera las escalinatas del altar.

En su discurso ante la ONU, el papa censuró la destrucción del ambiente debido al "un afán egoísta e ilimitado de poder y de bienestar material".

Afirmó que el propio ambiente tiene derechos, que la humanidad carece de la autoridad para violarlos y reiteró su postura ambiental en vivo ante los gobernantes del mundo con la esperanza de alentar compromisos concretos con vistas a las próximas negociaciones en París sobre el cambio climático.

Exigió que los pobres en el mundo tengan acceso inmediato a alimentos, agua y viviendas en niveles dignos, y afirmó que esas personas tienen el derecho al alojamiento, el trabajo y la tierra.

Francisco pronunció su discurso en su idioma natal, el español, y suscitó repetidas rondas de aplausos entre el auditorio que incluyó a la canciller alemana Angela Merkel, Bill y Melinda Gates, y la premio Nobel de la Paz, Malala Yousefzai, la joven activista paquistaní a la que hirió gravemente de bala el Talibán.

Las ovaciones contrastaron marcadamente con el silencio de la oración que tuvo lugar durante la visita del papa en la mañana al lugar donde fueron derribadas las torres del World Trade Center, en un homenaje interreligioso a las víctimas del 11 de septiembre de 2001.

Después de que rezara ante los espejos de agua con cascadas que marcan los lugares donde existieron alguna vez las torres gemelas, Francisco se reunió con parientes de las 3.000 víctimas cuyos nombres están inscritos en los perímetros de ambos lugares.

Asistió al lugar Monica Iken-Murphy, cuyo esposo, el corredor de bonos Michael Patrick Iken, pereció en una de las torres.

"Aquí es donde seres queridos perdieron sus vidas... y así es como vamos a rendirles un homenaje, con alguien sagrado, lo más cerca de Dios, el papa Francisco, viene aquí y bendice este lugar", dijo Iken-Murphy. "No podría sentirme más orgullosa de compartir este monumento y museo con él".

La agenda vespertina de Francisco reflejó la inclinación del "papa del pueblo" a reunirse con la gente; dio inicio con una visita a la Escuela Nuestra Señora Reina de los Ángeles, construida en medio de viviendas públicas en un sector con gran presencia hispana en el este de Harlem.

Después de las actividades matutinas relacionadas con los trágicos acontecimientos de septiembre de 2001, el papa de 78 años se veía reanimado cuando ingresó en la escuela católica. Bromeó con los chicos, conversó felizmente con ellos en español, estrechó manos y posó para algunas selfies. Un guardia de seguridad intervino cuando una niña le dio un gran abrazo.

El papa, quien afirma que no ha visto televisión en décadas y no sabe usar una computadora, recibió una clase sobre cómo utilizar una pantalla sensible al tacto de la niña Kayla Osborne, de ocho años, que va en cuarto grado.

La multitud en el gimnasio incluyó a unos 150 inmigrantes y refugiados, algunos de los cuales viven sin permiso en Estados Unidos.

En sus declaraciones, Francisco recordó el discurso del reverendo Martin Luther King Jr. de "Tengo un sueño" cuando dijo que "el sueño de él era que muchos niños como ustedes pudieran tener educación. Es hermoso tener sueños y tener la capacidad de luchar por ellos".

Desde Harlem, Francisco se dirigió a Central Park, donde sonrió mientras se desplazaba lentamente en su vehículo descubierto entre una multitud que gritaba y lo ovacionaba, y un mar de brazos que sostenían teléfonos celulares en lo alto para tomar la foto.

Para los afortunados que lograron un boleto para estar en el lugar hubo una advertencia: no llevar mochilas, sillas ni extensiones para las selfies.

Casi media hora antes del paso del papamóvil, un arco iris apareció súbitamente sobre la multitud, que exclamó en diversas ocasiones "¡ooooh!" y "¡aaah!"

Denise Villaseñor, estudiante de 27 años que se graduó de la Universidad de Columbia, es filipina y católica. Había practicado tomarse una selfie con el papa antes de la procesión.

"Las posturas del papa siempre giran en torno a la compasión, del amor, servir a los demás", dijo. La inmigración, el ambiente, todo es tener compasión de los demás".

Durante la visita de Francisco a Naciones Unidas, la bandera del Vaticano fue izada por primera vez en el lugar. La Asamblea General recientemente aceptó en fecha reciente que las banderas de los dos estados observadores de la ONU, el Vaticano y Palestina, ondearan junto a las de los 193 estados miembros.

Aunque las declaraciones de Francisco sobre el ambiente y la economía llevaban un mensaje al que dieron la bienvenida muchos liberales, también reafirmó la doctrina de la iglesia sobre el aborto y la sexualidad.

Francisco pidió entre otros aspectos "absoluto respeto de la vida en todas sus etapas y dimensiones", incluidos los nonatos.

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Contribuyeron a este despacho los periodistas de The Associated Press, Deepti Hajela, Edith Lederer, Cara Anna, Karen Matthews, Jake Pearson, William Mathis, Jackie Snow, Jennifer Peltz, Colleen Long y Rachel Zoll.