Desde el escenario mundial de las Naciones Unidas o en una escuela de barrio, el papa Francisco hace hincapié en temas que han dado forma a su popular papado, mientras combina encuentros con los poderosos y con los pobres en la ciudad de Nueva York.

Su agenda para el viernes refleja tanto su influencia global como su carácter cercano, ya que le llevará desde la solemnidad de la Zona Cero a los problemas cotidianos de East Harlem. Incluye actos tan grandiosos como una procesión por Central Park, tan íntimos como un encuentro con escolares y migrantes, o tan inspiradores para los fieles como una misa para miles de personas en el estadio Madison Square Garden.

Francisco, que el jueves se convirtió en el primer papa que se dirige a un pleno del Congreso de Estados Unidos, tiene previsto ahora hablar ante los líderes mundiales reunidos para una cumbre de la Asamblea General de Naciones Unidas para adoptar nuevos objetivos globales contra la pobreza y de protección del medio ambiente.

Se espera que Francisco hable sobre la necesidad de paz, el sufrimiento de los refugiados y el papel de la pobreza y el mal gobierno en el auge del conflicto y la migración, según el Vaticano. Pero también podría referirse a la desigualdad, la pobreza, el medio ambiente y la persecución religiosa ante su audiencia internacional.

Francisco ha exhortado a los países ricos a "abrir puertas" a los migrantes que buscan una vida mejor, un mensaje incluido el jueves ante un cautivado Congreso. También aludió a los conflictos que han provocado la mayor crisis de refugiados desde la II Guerra Mundial y que, en algunos lugares, han provocado asesinatos de cristianos y otras minorías religiosas por parte de extremistas islámicos.

El papa ha expresado su profunda preocupación por esos asesinatos, pero advirtió en su discurso ante el Congreso que el mundo debe ser cuidadoso en su respuesta al extremismo.

Francisco también tiene previsto reunirse el viernes con el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y con altos cargos y personal de la ONU.

Aunque su visita es la quinta de un papa a Naciones Unidas, la bandera blanca y dorada del Vaticano se izará por primera vez justo antes de su llegada. La Asamblea General aceptó hace poco permitir que los dos estados observadores de la ONU, el Vaticano y Palestina, alcen sus banderas junto a las de los 193 estados miembros.

El papa se dirigirá después al monumento por los atentados del 11 de septiembre de 2001, donde dos estanques marcan la ubicación de las torres gemelas del World Trade Center antes de que fueran derribadas en los atentados. Se espera que el papa se reúna con familiares de algunas de las casi 3.000 víctimas, antes de entrar en el Museo Nacional 11 de Septiembre para un servicio interconfesional.

Los planes de Francisco para la tarde reflejan su interés por interactuar con el público, a menor o mayor escala.

Primero hará una visita a la escuela Our Lady Queen of Angels, situada en una zona de viviendas subvencionadas en el barrio de East Harlem, de mayoría hispana.

Francisco, conocido por ofrecer servicios religiosos en las villas humildes de su Buenos Aires natal, se reunirá con escolares y ofrecerá una bendición especial a refugiados y migrantes, incluidas personas que se encuentran en el país sin permiso de residencia.

Después saludará a hasta 80.000 personas durante su recorrido por Central Park hacia una misa para 18.000 personas en el Madison Square Garden.

Miles de personas vitorearon el jueves por la noche al paso de Francisco en su papamóvil por la Quinta Avenida camino de la catedral de San Patricio para una plegaria vespertina.

En la ceremonia hizo su mayor muestra de agradecimiento y respeto hasta la fecha por las monjas estadounidenses, a las que agradeció su fuerza, espíritu y coraje. Sacerdotes y religiosas estadounidenses aplaudieron ante las palabras de Francisco, que se produjeron después de que él detuviera una reforma ordenada por el Vaticano durante el papado de su predecesor y que afectaba al mayor grupo de congregaciones de monjas del país. La oficina del Vaticano encargada de salvaguardar la ortodoxia católica había acusado a las monjas de alejarse de las enseñanzas de la Iglesia, algo que ellas negaron.

Antes el jueves, el papa vadeó en Washington agrias disputas políticas en su discurso ante el Congreso, en el que pidió al país a compartir su inmensa riqueza con los menos afortunados. Ante una cámara llena de jueces del Supremo, miembros del gabinete, parlamentarios y el vicepresidente, Joe Biden, instó al Congreso y al país a abolir la pena de muerte, combatir el cambio climático y aceptar a los migrantes.

Los legisladores le ofrecieron una ovación en pie pese a los desacuerdos evidentes sobre algunas de sus peticiones. Aunque ofreció una visión más próxima a los demócratas, los republicanos tenían algo que aplaudir en sus referencias a la santidad de la vida y las relaciones familiares, recordatorios de que incluso la más abierta Iglesia católica dirigida por Francisco aún condena el aborto y el matrimonio homosexual.

Su histórico discurso parecía decidido a recordar a Estados Unidos su origen de país formado por extranjeros, al dirigirse a la cámara y al pueblo estadounidense de forma personal como hijo de migrantes a "este gran continente".

"Tratemos a otros con la misma pasión y compasión con las que nos gustarían que nos trataran", dijo. "Busquemos para otros las mismas posibilidades que buscamos para nosotros".

Más tarde subrayó su mensaje desplazándose a una iglesia del centro de Washington donde habló con personas necesitadas y sin hogar, bendijo su almuerzo y caminó entre ellos mientras comían.

Francisco cierra su visita a Estados Unidos este fin de semana en Filadelfia, donde hablará ante el Independence Hall y celebrará una misa en el Benjamin Franklin Parkway para clausurar un gran encuentro de familias católicas.

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Los periodistas de Associated Press Erica Werner, Donna Cassata, Matthew Daly, Alan Fram, Stephen Ohlemacher, Andrew Taylor, Mary Clare Jalonick, Ben Nuckols y Jessica Gresko en Washington, y Deepti Hajela, William Mathis, Jackie Snow y Rachel Zoll en Nueva York contribuyeron a este despacho.