Cuando Rosa e Irma Castillo se enteraron que su hermana había ganado dos boletos para ver al papa Francisco en Nueva York, no lo pensaron dos veces. En unos cuantos minutos cambiaron los planes que tenían para ver a Alejandro Fernández y Chayanne en concierto y compraron los pasajes a la Gran Manzana.

Y es que, entre los latinoamericanos, no hay un pop star más grande que Francisco.

Sentadas a la sombra del Rockefeller Center, uno de los edificios emblemáticos de Nueva York, Rosa e Irma esperaban el jueves con miles de personas la llegada del papa a la Catedral de San Patricio, donde oficiaría una misa en su primera actividad oficial en Nueva York luego de su paso por Washington.

Las hermanas mexicanas, residentes en Mexicali, no tenían boletos para alinearse en la Quinta Avenida y ver desde primera fila el recorrido del papa hasta la catedral. Sin embargo, sí tienen taquillas --cortesía de su hermana Teresa, que vive en Nueva York desde hace cuatro años y quien las ganó en un sorteo-- para ver la procesión del líder católico el viernes por uno de los costados del Parque Central.

"Mi sueño dorado es estar en el Central Park, y lo voy a cumplir... ¡y con el papa!", exclamó Rosa, de 55 años y quien visita Nueva York por primera vez.

Con un prendedor con el rostro del papa en la camisa, y aferrada a una bandera mexicana, Rosa enumeró varias de las características que han convertido a Francisco en una figura adorada casi unánimemente, en especial entre los latinoamericanos.

"El no es aburrido, es jovial. Tiene un mensaje ecuménico, de amor y misericordia", señaló.

Uno de los temas recurrentes de Francisco es la defensa de los migrantes y los más pobres. El jueves, en su discurso ante el Congreso estadounidense, pidió aceptación para los inmigrantes, recordando que la mayoría de los habitantes del continente, y él mismo, son descendientes de inmigrantes.

"Aquí en este país es lo que se requiere, que acepten y estén conscientes que necesitan al migrante", dijo Rosa. "Forman parte de su economía, de su vida. La mayoría de los estadounidenses llegaron como migrantes".

A unos cuantos pasos, Rolando Monge y su esposa Scarlet Corrales entonaban himnos religiosos y rezaban el Padre Nuestro junto con otras 54 personas que viajaron desde Costa Rica.

El grupo, integrado por parroquianos de toda Costa Rica, forma parte de la organización católica Camino Neocatecumenal, y luego de ver el recorrido del papa en Nueva York seguiría a Filadelfia para participar del Encuentro Mundial de las Familias.

Monge destacó que el pontífice emprendió una misión de "renovar a la iglesia".

"Con el carisma que tiene, la iglesia se ha abierto al pueblo", señaló el oriundo de San José, de 33 años, y quien junto con los demás integrantes del grupo se hospeda en la Parroquia San Pedro y San Pablo en el Bronx.

"La iglesia tiene que salir de la iglesia, tiene que volcarse al pueblo", agregó.

Otros no tuvieron que viajar tanto para ver a Francisco así fuese por un instante, aunque lo esperaban con el mismo fervor.

Hilda Scaro, una colombiana que vive en Nueva York desde hace 40 años, recordó que estaba de vacaciones en Roma el día que Francisco fue elegido papa. En esa ocasión, el gentío y la lluvia la desanimaron para ir al Vaticano.

Ahora, mucho más cerca de su casa, no se iba a perder la oportunidad de presenciar al primer pontífice latinoamericano.

"Es muy humilde, sencillo, amigable, alegre, como buen latino", comentó, entre risas, con su amiga puertorriqueña Eileen Santiago.

Ambas portaban banderitas del Vaticano --una por dos dólares, o dos por tres, según las ofrecían-- y mostraban otra reciente adquisición: llaveros con la imagen del papa y una pequeña bandera colombiana.

"El está atrayendo mucha gente a la iglesia", apuntó Scaro.