Poco después de que Lionel Messi fallara un penal a los 17 minutos, de las tribunas del Camp Nou brotó el grito "¡Independencia!, ¡Independencia! ¡Independencia!". Y no sorprendió a nadie, ya que el fútbol y la política van siempre de la mano en el estadio del Barcelona.

Todo el mundo está pendiente de la campaña independentista en Cataluña, donde este fin de semana habrá una votación para decidir el futuro del movimiento separatista. Y el estadio del Barsa parece ser el epicentro de ese movimiento.

Los partidos independentistas esperan conseguir el control del parlamento en las elecciones regionales del domingo, lo que les permitiría poner en marcha un plan que contempla la independencia de este territorio bilingüe sobre el Mediterráneo en un plazo de 18 meses, tal vez mediante una declaración de independencia unilateral. Las encuestas indican que los partidos a favor de la independencia tienen una leve ventaja.

Ya en épocas normales la institución azulgrana era conocida como "algo más que un club". Uno de sus grandes astros, el ex jugador y técnico del Barsa Pep Guardiola, leyenda viviente de su afición, ha apoyado abiertamente la independencia y ese sentimiento ha cobrado fuerza en los últimos años, en que España ha sufrido una feroz crisis económica.

Guardiola, quien dejó la conducción del equipo para dirigir al Bayern de Múnich en el 2012, es candidato simbólico de la coalición independentista, aunque no está postulado a cargo alguno.

"Esta es la oportunidad que tenemos de hacer un nuevo país, partiendo de cero, más justo", dice Guardiola en un video proselitista. "La voluntad de un pueblo no la puede parar nadie".

Soldados de Francisco Franco mataron al presidente del Barcelona en 1936 y el club fue obligado a abandonar su nombre catalán, Barca, españolizándolo. El escritor barcelonés Manuel Vázquez Montalbán dijo en una ocasión que el equipo de fútbol era un "el ejército simbólico y desarmado de Cataluña".

El estadio derrocha identidad catalana. Bajo Franco estaba prohibido gritar "¡Viva Cataluña!" en español, pero los aficionados podían gritar "¡Visca Barca!", o "Viva Barsa". El grito pasó a ser una expresión del orgullo catalán y está siendo muy usado por el movimiento independentista.

El grito separatista a los 17 minutos de cada partido es un viejo ritual de los separatistas. Alude a 1714, el año en que los efectivos que defendían a Barcelona de un asedio durante la Guerra de la Sucesión Española fueron derrotados y Cataluña perdió buena parte de la autonomía de que había gozado por siglos.

Los aficionados de Barcelona se han abstenido de hacer gestos abiertamente secesionistas. Pero apoyan lo que los catalanes consideran su identidad cultural y la campaña para realizar un referendo sobre la independencia, la cual ha sido bloqueada por el gobierno central de Madrid.

Siguiendo la tradición, Barcelona envió una delegación a participar en las festividades durante el Día Nacional Catalán el 11 de septiembre.

El vicepresidente del club Carles Vilarrubi dijo entonces que el Barsa "no debe interferir" con la campaña independentista. El club trata de mantener un delicado equilibrio y contentar tanto a los aficionados que lo ven como un bastión de la cultura catalana como a los hinchas de todo el mundo que disfrutan de su estilo de juego.

María Rosa Pizjoan, una comerciante de 63 años, dijo que los separatistas como ella "no soportamos el estado español" y están hartos de que Cataluña sea "saqueada" por España. Según Pizjoan, esta región altamente industrializada paga muchos impuestos a España y no recibe demasiado a cambio, algo que el gobierno central niega.

Pizjoan se hizo hincha del Barsa de niña, durante la dictadura de Franco, cuando un cliente del restaurante de su familia insultó a los catalanes y a su club.

"Lo que dijo el hombre me quedó grabado", relató. "Si el Barsa hubiera sido un club normal, jamás me hubiese hecho hincha porque a los siete u ocho años no me gustaba el fútbol".

Pasiones al margen, el club es un gran negocio. Y su papel en el movimiento por la independencia podría terminar afectando sus finanzas.

Barcelona es el segundo club más rico del mundo, superado solo por el Real Madrid, y pronostica ingresos del orden de los 633 millones de euros (704 millones de dólares) en la temporada de 2015/16.

Una pregunta clave: ¿Qué pasa con el club si Cataluña se separa de España?

Funcionarios del gobierno español y de la Unión Europea dicen que Cataluña podría quedar afuera de la UE si se separa de España. Barcelona podría incluso ser marginada de la liga española. La región tiene otro club en la primera división, Espanyol, y tres en segunda, Girona, Nastic y Llagostera, lo que implica que no hay suficientes equipos como para formar una liga relevante.

Artur Mas, líder regional a favor de la independencia, ha tratado de convencer al electorado de que Barcelona seguirá jugando en la liga española en caso de triunfar los separatistas.

"La liga no renunciaría a su principal activo, Barca-Madrid", declaró Mas a la revista Paneka, aludiendo al clásico entre Barcelona y Real Madrid. "La Liga española necesita como el pan que come que el Barça sigua estando ahí".

Si Barcelona representa el nacionalismo catalán, Real Madrid es un símbolo de una España Unificada.

La exclusión de los equipos catalanes de las competencias españolas, no obstante, sería "algo natural" si Cataluña se independiza, según Miguel Cardenal, presidente del Consejo Superior de Deportes de España. "Los deportes fueron organizados de acuerdo a criterios geográficos", expresó Cardenal, la máxima autoridad deportiva de España. "Los campeones no pueden ser de otros países".

Las leyes impiden la presencia de equipos del exterior en los torneos nacionales, pero España tiene una excepción y acepta clubes de Andorra.

Cardenal dijo que esa excepción "puede ser un modelo para otras situaciones".