El papa Francisco ha dejado a su paso por Cuba algunas críticas y muchos llamados, pero también una tarea que corresponderá sobre todo a su sociedad dentro y fuera de la isla: la reconciliación.

Tercer pontífice en venir a la isla en 17 años, Francisco lanzó lo que algunos ven como críticas sutiles al sistema político cubano que controla prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana, y junto a ello la necesidad de superar las diferencias en una sociedad que ha transitado entre la fascinación y el desencanto de una utopía que comenzó en 1959.

Buena parte de la atención de su gira de cuatro días giró en torno a sus pedidos de servir a la gente y no a las ideologías, de aceptar las diferencias entre todos y en no observar lo que hacen los vecinos. Todavía el martes, en su última homilía, Francisco pidió a los cubanos redescubrir su fe y vivir una "revolución" de ternura y de ayuda al prójimo.

Al mismo tiempo, en cada una de sus homilías y discursos, ha subrayado la necesidad de ayudarse unos a otros, tanto dentro como fuera de la isla y de evitar la uniformidad. Aún en la misma ceremonia donde apeló a la "revolución" de la ternura, pidió "tender puentes" y "sembrar la reconciliación".

"El gran énfasis fue el tema de la reconciliación, no sólo entre los cubanos de la isla, sino los que viven en Estados Unidos, en Miami", dijo a The Associated Press Andrew Chesnut, director de estudios católicos de la Universidad Virginia Commonwealth.

Consideró lógico que tuviera algunas críticas públicas, aunque "bastante suaves y a veces disfrazadas", porque de haber sido más fuertes podría tener algunas repercusiones con la iglesia cubana "que tiene que operar aquí".

Francisco ha sido crítico contra el comunismo, pero al mismo tiempo ha dejado en claro su deseo de acompañar al gobierno de Raúl Castro en las transformaciones internas que realiza y en su búsqueda de normalizar las relaciones con Estados Unidos.

El papa, de hecho, ha sido una de las figuras claves al fungir como mediador en la distensión de relaciones de los dos antiguos enemigos de la Guerra Fría. El año pasado, Francisco hizo un llamado personal a los presidentes Barack Obama y Castro para que pusieran fin a más de 50 años de animosidad, y posteriormente hizo posible que el Vaticano sirviera de sede de las delegaciones cubana y estadounidense cuando ultimaban las negociaciones.

Después de varias décadas de hostilidad mutua, el gobierno y la Iglesia católica han tenido mejores relaciones en los últimos años en Cuba, donde menos del 10% de la población es católica practicante. Francisco "está avalando el proceso de cambios económicos iniciados por Raúl Castro y dándole continuidad a la línea (de la Iglesia local) llevada hasta ahora", dijo a la AP Enrique López Oliva, profesor de historia de las religiones de la Universidad de La Habana.

En los últimos años y de manera silenciosa, la Iglesia católica amplió su campo de acción a sectores clave que el estado cubano controlaba celosamente, como la alimentación, la salud o la educación, e incluso la formación de emprendedores o la creación de bibliotecas con acceso a computadoras.

Aunque el gobierno estigmatizó la práctica religiosa poco después del triunfo de la revolución, ante la crisis económica y social que ocasionó la caída del muro de Berlín en los aliados europeos de Cuba, Fidel Castro decidió levantar las restricciones a las religiones y eliminó la referencia al ateísmo establecida en la Constitución.

Fue otra visita papal, la de Juan Pablo II en 1998, la que rompió efectivamente los mitos y tabús y cuando la gente volvió a practicar abiertamente su religión.

Ahora, las palabras del papa han empezado a calar y tener eco entre la gente.

"Revolución no es un hecho político en sí", dijo Francisco Elliot Jiménez, un mecánico de 65 años que tras escuchar el último mensaje del papa en la catedral de Santiago se dijo movido por sus palabras.

"Revolución es evolución. Él lo que está pidiendo es eso: que evolucionen en su forma de pensar", añadió el hombre.

También cerca de la catedral, María Ogra, una doctora de 46 años, dijo que el papa lo que ha hecho es llamar a la gente a transformarse con amor y con ternura.

"Nos queda muchas cosas qué lograr", dijo. "Para que el cubano no tenga que emigrar de Cuba, que sus sueños los pueda realizar en su país".

Para Roberto Veiga, coordinador del centro de análisis local Cuba Posible, el papa deja un mensaje espiritual y ético en el que enfatiza "que los cubanos no deben quedarse encerrados en sí mismos y deben abrirse a los demás y construir juntos un país donde la gente piense de diversas maneras, pero unidos".

Francisco, un jesuita argentino de 78 años, salió de Cuba el martes y de inmediato partió hacia Estados Unidos, un país con un régimen capitalista del que también ha sido crítico.

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Contribuyeron con esta historia las periodistas de The Associated Press Christine Armario y Andrea Rodríguez, en Santiago de Cuba.