Antes de que el precandidato Scott Walker renunciara la víspera a sus aspiraciones presidenciales, sus rivales republicanos por la Casa Blanca ya se disputaban los restos de una campaña que al principio parecía tomar vuelo.

Los adversarios de Walker hablaban abiertamente sobre los obstáculos que enfrentaba el gobernador de Wisconsin al reunirse la semana pasada en California para el debate presidencial. Apenas anunció formalmente el lunes que abandonaba la contienda, las maniobras se intensificaron.

Walker suspendió el lunes su campaña, alegando que la contienda por la nominación presidencial del Partido Republicano se había vuelto demasiado sucia. Pidió a algunos adversarios que hagan lo mismo debido a la urgente necesidad de "despejar el campo" para ayudar a derrotar a quien va a la cabeza en las encuestas: Donald Trump.

El anuncio marcó una caída drástica para Walker, quien pasaba apuros para recaudar fondos y generar entusiasmo después de estar entre los punteros de la contienda al inicio del año. Regresará a su cargo de gobernador de Wisconsin, cuyo período termina al final de 2018.

Mientras Walker hablaba en conferencia de prensa en Wisconsin, uno de los copresidentes de su comité de finanzas, Anthony Scaramucci, ya recibía llamadas telefónicas de cinco campañas, incluso de tres candidatos en persona.

"Por respeto a (Walker), quiero hablar con él antes de hacer algo con algún otro", dijo Scaramucci, quien se disponía a recibir a varios recaudadores de fondos neoyorquinos de Walker.

Pocas horas después, varias campañas habían avanzado de comunicarse con el equipo de Walker a jactarse de cuántos de sus miembros habían logrado atraer. El senador texano Ted Cruz habló de sus avances en Iowa, Georgia y Nevada. Expartidarios de Walker en Iowa y New Hampshire dijeron que apoyarían al senador por Florida Marco Rubio.

El exgobernador de Florida Jeb Bush dijo que Walker era un "gran servidor público" y a continuación pidió el apoyo de sus seguidores. Walker tenía una organización grande en Iowa, con dirigentes en sus 99 condados y Bush dijo que él y su equipo aspiraban a ganarlos.

"Ese ha sido parte de nuestro esfuerzo esta tarde y hacia adelante", dijo Bush a la prensa después de un evento de campaña en el norte de Iowa. "Estamos haciendo un gran esfuerzo por ganarlos".

Walker, uno de los últimos precandidatos que ingresó a la contienda republicana, se unió al ex gobernador de Texas Rick Perry como uno de los primeros en retirarse de la competencia hacia la elección presidencial de 2016, tras no haber sido capaz de ajustarse a la popularidad de Trump o de sobresalir en los dos primeros debates de precandidatos del Partido Republicano. Ambos competidores por la nominación advirtieron al retirarse de la contienda sobre la influencia del empresario multimillonario en el partido, aunque ninguno lo llamó por su nombre.

"Tristemente, el debate que está ocurriendo hoy en el Partido Republicano no está enfocado en un punto de vista optimista sobre Estados Unidos. Por el contrario, ha derivado en ataques personales", dijo Walker. "Al final, creo que los votantes quieren decidir por algo y no contra alguien. En lugar de hablar sobre qué tan mal están las cosas, queremos escuchar sobre cómo las podemos mejorar para todos", agregó.

Walker, de 47 años, trató de cortejar a los conservadores religiosos, a los conservadores del movimiento Tea Party y a la base republicana más tradicionalista. Se describió como un conservador combativo al que no se podía intimidar y que había tenido varias victorias en un estado que no ha votado por un republicano para presidente desde 1984.