El gobierno del presidente Barack Obama podría permitir que Naciones Unidas condene el embargo económico que Estados Unidos impuso a Cuba, se ha enterado The Associated Press, en una medida sin precedentes que podría incrementar la presión sobre el Congreso para que ponga fin a esas restricciones que datan de hace 54 años.

Como ocurre todos los años, en las próximas semanas, la Asamblea General de la ONU someterá a votación la demanda para el levantamiento del embargo. Sin embargo, esta vez Estados Unidos podría abstenerse de votar en contra de la resolución como normalmente lo hace, dijeron funcionarios estadounidenses a la AP.

Sería inaudito que un Estado miembro de la ONU no se oponga a una resolución adversa a sus propias leyes.

Y al no oponerse activamente a la resolución, el gobierno de Obama estaría aliándose de facto con el organismo internacional en contra de la Cámara de Representantes y el Senado, que han rechazado levantar el embargo a pesar de los llamados del presidente Obama para hacerlo.

Estados Unidos y Cuba restauraron relaciones diplomáticas este año y los gobernantes de ambas naciones desean mejorar sus vínculos comerciales, pero continúa vigente el embargo.

"Obviamente, tenemos que obedecer la ley", declaró el lunes a la prensa el portavoz del Departamento de Estado, John Kirby. "No significa que no podamos adoptar la posición en la que se desee el cambio de una ley".

Todavía no se ha tomado una decisión sobre cómo votará Estados Unidos en la Asamblea General, dijeron cuatro funcionarios del ejecutivo que solicitaron el anonimato porque no estaban autorizados a hacer declaraciones públicas sobre asuntos internos delicados.

El portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, declinó opinar sobre el tema porque el proyecto de la resolución no es definitivo. Sin embargo, subrayó que la política de Estados Unidos ha cambiado desde la anterior ocasión en que el organismo mundial examinó el embargo.

La mera idea de que Estados Unidos opte por la abstención en la ONU suscitó de inmediato las críticas republicanas.

El aspirante presidencial republicano, el senador Marco Rubio, quien es cubano-estadounidense, dijo que de abstenerse, Obama "privilegiaría la popularidad internacional sobre la seguridad nacional y los intereses políticos de Estados Unidos en el extranjero". El embargo, agregó, niega dinero a una dictadura que puede ser usado para reprimir más.

Aunque las resoluciones de la Asamblea General no son vinculantes, el ejercicio anual ha dado a Cuba un escenario para demostrar el aislamiento de Estados Unidos hacia el embargo, además de que ha puesto de manifiesto la sensación internacional de que las restricciones estadounidenses son ilegítimas.

Estados Unidos ha perdido cada una de estas votaciones por una mayoría cada vez más abrumadora y embarazosa. El año pasado, se aprobó con 188 votos a favor y dos en contra. Solo Israel respaldó a Washington. Se prevé que Israel vote este año como Estados Unidos lo haga.

Los funcionarios estadounidenses dijeron que por el momento hay más probabilidades de que Estados Unidos vote en contra a que se abstenga.

Sin embargo, afirmaron que considerarán abstenerse si la redacción es muy diferente a la de años anteriores. El gobierno está dispuesto a debatir revisiones con los cubanos y otros, según las fuentes, algo que diplomáticos estadounidenses nunca han hecho.

La última disminución de sanciones ocurrió el viernes y estuvo seguida de una inusual conversación telefónica entre Obama y el presidente cubano, Raúl Castro. El papa Francisco, quien tuvo un papel clave en el acercamiento entre las dos naciones, llegó a La Habana un día después y viajará el martes a Estados Unidos.

La Casa Blanca dijo que Obama y Castro discutieron "las medidas que Estados Unidos y Cuba pueden adoptar en conjunto e individualmente, para avanzar en la cooperación bilateral".

El gobierno cubano dijo que Castro hizo hincapié en la necesidad de expandir su ámbito de aplicación y derogar, de una vez por todas, la política de bloqueo para beneficio de ambos pueblos.

Ninguno de los comunicados mencionó la votación en Naciones Unidas. Sin embargo y al igual que durante los últimos 23 años, Cuba presentará una resolución en la próxima Asamblea General en la que criticará el embargo y pedirá su levantamiento.

El gobierno cubano no ha hecho declaraciones sobre la nueva consideración de Estados Unidos.

Sin embargo, los funcionarios estadounidenses dijeron que el gobierno del presidente Obama cree que una abstención podría enviar un mensaje firme al Congreso y al mundo sobre el compromiso del mandatario para poner fin al embargo.

Obama afirma que el embargo ha fracasado durante más de cinco décadas para impulsar cambios democráticos en la isla y ha aislado Estados Unidos entre sus vecinos latinoamericanos.

Se desconoce qué cambios serían necesarios para propiciar una abstención de parte de Estados Unidos.

La resolución del año pasado mencionó la "necesidad de poner fin al embarco económico, comercial y financiero" y se enfocó en contra de la Ley Helms-Burton.

Esa normativa de 1996 hizo que las firmas extranjeras quedaran sujetas a las mismas restricciones que las estadounidenses que invirtieran en Cuba, y autorizó la imposición de sanciones a las compañías no estadounidenses que efectuaran actividades y negocios en propiedades que alguna vez pertenecieron a ciudadanos estadounidenses pero que fueron confiscadas después de la revolución de Fidel Castro.

Un reporte emitido por Cuba la semana pasada en apoyo a la resolución de este año no indica que La Habana pretenda moderar su discurso.

Según el texto, las acciones estadounidenses para aliviar las restricciones del embargo son un paso en la dirección correcta, pero son limitadas e insuficientes para Cuba y el resto del mundo ante la magnitud y alcance de las leyes relacionadas con el bloqueo.

En el documento de 37 páginas, Cuba afirma que el embargo ha causado al pueblo de la isla perjuicios por 833.700 millones de dólares, una cifra inaceptable para Estados Unidos.

Washington asegura que el gobierno comunista ha aprovechado el embargo para justificar sus propios fracasos económicos.

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Jennifer Kay y Sergio Bustos colaboraron desde Miami.