El éxodo humano que huye de la guerra y los conflictos volvió a desangrarse el domingo.

Trece migrantes murieron cuando su bote chocó con un ferry frente a las costas de Turquía, dijeron funcionarios turcos, mientras la Guardia Costera griega desafiaba las aguas embravecidas del Mar Egeo en busca de 24 personas desaparecidas después que su bote naufragó frente a la isla griega de Lesbos.

Funcionarios de la Guardia Costera dijeron que casi tres docenas de personas fueron rescatadas en ambos incidentes, que sucedió a otro naufragio el sábado cerca de Lesbos, en el que se ahogó una niña de 5 años. Dos cadáveres fueron hallados en aguas griegas, y las autoridades ignoraban a qué accidente correspondían.

Los accidentes ponen de manifiesto los riesgos que están dispuestos a enfrentar quienes huyen del Oriente Medio, Asia y Africa en busca de refugio en Europa. Hombres, mujeres y niños siguen desafiando los viajes peligrosos por mar pese a que miles de otros migrantes que los precedieron se han encontrado varados ante fronteras cerradas en los Balcanes.

La decisión húngara de cerrar su frontera con Serbia el 15 de septiembre desató una reacción en cadena en Croacia y Eslovenia que ha obligado a los que huyen de la violencia en sus países a correr de una frontera europea a otra en una búsqueda desesperada de llegar al norte.

Miles de personas están movilizadas en el sudeste de Europa mientras las autoridades se esfuerzan por responder a la crisis. Unos 15.000 migrantes entraron a Austria desde Hungría y Croacia durante el fin de semana.

Hungría erigió otra barrera, ahora en el puesto fronterizo de Beremend con Croacia, con un enorme portón de hierro para controlar el flujo de migrantes.

Al pueblo fronterizo austríaco de Nickelsdorf llegó un contingente a pie después de caminar media hora desde el pueblo húngaro de Hegyeshalom. Desde allí, autobuses y trenes los conducen a refugios de emergencia en Viena y otras partes de Austria.

Los buscadores de asilo se alinearon, a la espera de los autobuses, bajo la vigilancia de soldados. Las autoridades locales se esforzaban por hallarles lugares donde alojarlos puesto que muchos campamentos en Austria ya están atestados.

Mahat, de 47 años, técnico de laboratorio de Damasco, era uno de los millares que aguardaban el transporte. "Vinimos aquí solo en busca de una nueva vida", afirmó Mahat, quien no reveló su apellido por temor a represalias por parte del gobierno sirio. Dijo que llegó caminando desde Croacia con otras 5.000 personas. Agregó que no le importaba dónde asentarse en Europa mientras pudiera vivir en paz y conseguir un empleo.