Entre las decenas de miles de personas que huyen de la guerra y la desesperación en Oriente Medio, hay un grupo que siente un alivio especial al llegar a Europa: iraquíes y sirios que han escapado de las zonas gobernadas por los extremistas del Estado Islámico y su interpretación brutal de la religión.

Estos refugiados hablan de cómo un simple corte de pelo al estilo occidental, usar pantalones vaqueros o una simple interacción con alguien del sexo opuesto pueden significar un duro castigo por parte de la policía religiosa, la Hisba, con base en el código de conducta o ley religiosa del islam, la Sharia.

Para muchos de quienes vivieron en el ruinoso paisaje del autodeclarado "califato" del Estado Islámico en partes de Siria e Irak, el miedo constante es lo que finalmente los llevó a huir a Europa Occidental.

Ahmed era dueño de una zapatería para mujeres en la ciudad siria de Raqqa. En una entrevista con The Associated Press, dijo que miembros de la Hisba lo reprendían cada pocos días por aguardar clientela femenina. Le insistían que su esposa o alguna hermana debían hacer eso, mientras al mismo tiempo le prohibieron contratar mujeres que no fueran de su familia.

Explicó que si alguna de sus clientes llegaba a levantarse el velo de la cara para mirar un par de zapatos, los miembros de la Hisba --o de su rama femenil, la al-Khansa-- lo golpeaban con una vara de bambú. Al igual que otros refugiados que vivieron en el territorio controlado por Estado Islámico, Ahmed habló con la condición de ser mencionado solo por su primer nombre, por temor de que haya represalias contra los familiares que siguen allí.

Sus nervios destrozados con la preocupación constante de ser detenido o azotado, añadió, desaparecieron apenas unos minutos después de que puso el pie en la isla griega de Lesbos, luego de tomar un bote con otras 30 personas, que salieron de Turquía en la primera etapa de su viaje a Occidente.

Ahmed dejó a su esposa y tres hijos en Raqqa, la capital de facto del califato, y planea traerlos una vez que encuentre refugio en Europa.

"Son peores que un ejército de ocupación y actúan como si nunca se fueran a ir", afirmó. "No podía soportarlo más. Algo había que hacer y lo estoy haciendo ahora".

Más de 175.000 sirios y cerca de 10.000 iraquíes han hecho la travesía peligrosa a Grecia este año, como parte de una oleada masiva alimentada en parte por la guerra civil de Siria, que comenzó en 2011.