La superposición de las visitas del papa Francisco y el presidente chino Xi Jinping ha puesto presión sobre Deesha Dyer, quien hace apenas cinco meses asumió como secretaria social de la Casa Blanca.

La nueva funcionaria mantiene un cirio aromático en su pequeña oficina. "Crea un ambiente pacífico, lo que es importante para este cargo", afirmó.

Dyer trabaja en la Casa Blanca desde el 2009, primero como interna y después subsecretaria social hasta que el presidente Barack Obama y su esposa Michelle la elevaron a su puesto actual en abril. La nativa de Filadelfia ha supervisado la planificación y ejecución de veintenas de actos desde entonces, aunque ninguno de la importancia política o la magnitud de las visitas del pontífice y el presidente chino.

El miércoles, Francisco será el tercer papa en visitar la Casa Blanca en una escala de su primer viaje a Estados Unidos.

Xi llegará dos días después y pondrá al presidente Obama en la posición incómoda de agasajar al mandatario de una nación a la que atribuye prácticas inaceptables, incluso ciberataques a sistemas de computación gubernamentales y empresariales. China es el único país cuyo líder ha sido invitado dos veces por Obama.

Esa circunstancia hace que Dyer y sus seis personas a cargo estudien cómo mejorar la cena del viernes en relación con la que se ofreció en el 2011 al entonces presidente chino Hu Jintao.

Lea Berman, que fue secretaria social durante un par de años durante la presidencia de George W. Bush, dijo que la semana próxima será sumamente exigente. Agregó que Dyer, de 37 años, una de las secretarias sociales más jóvenes, tiene un elemento a favor: la confianza del presidente y la primera dama.

"Ella sabe cuáles son las expectativas", afirmó Berman. "Ha estado allí durante años y sabe cómo funcionan las cosas".

Desiree Rogers, la primera secretaria social de Obama, afirmó que tener un solo día entre visitas tan prominentes podría crear desafíos logísticos para el personal relativamente reducido de la Casa Blanca.

Dyer y su equipo están completando las listas de tareas para las ceremonias respectivas, junto con una cena formal de gala para el líder chino a la que asistirán centenares de invitados a un costo de medio millón de dólares para los contribuyentes.

Algunos aspirantes a la candidatura presidencial republicana han instado a Obama a cancelar o degradar la visita de Xi. El vocero de la Casa Blanca, Josh Earnest, ha justificado la invitación diciendo que Obama cree que el diálogo con China es un medio efectivo de promover los intereses estadounidenses en todo el mundo.