La calma regresó el miércoles a un disputado lugar de culto en Jerusalén después de tres días de choques entre musulmanes y fuerzas israelíes en el lugar, y tras la muerte de un ciudadano israelí en un repunte de ataques palestinos coincidiendo con una festividad judía.

Un fuerte despliegue de las fuerzas armadas israelíes controlaba la entrada al complejo junto a la mezquita Al-Aqsa, donde grupos musulmanes chocaron con fuerzas israelíes durante los últimos tres días coincidiendo con una festividad judía. La policía parecía esforzarse por no avivar las tensiones acercándose demasiado a la mezquita.

Quince visitantes religiosos judíos acudieron al lugar el miércoles por la mañana, acompañados por autoridades musulmanes que gestionan el complejo y un miembro del gobierno israelí. Judíos y musulmanes consideran el lugar sagrado, y es un foco frecuente de tensiones.

A los judíos se les permite visitar el complejo, pero tienen prohibido rezar en el lugar.

La policía ha entrado varias veces en el recinto de la mezquita de Al-Aqsa en los últimos días para dispersar a inconformes que se habían atrincherado dentro tras lanzar piedras bloques de concreto y bombas incendiarias a los agentes. La respuesta israelí fue condenada en el mundo árabe y planteó el miedo a que las tensiones pudieran salirse de control.

El presidente palestino Mahmud Abbas condenó los hechos en términos inusualmente severos e insistió que ninguno de los lugares santos pertenece a Israel.

"Son todos nuestros y no permitiremos que los profanen con su sucio pie", dijo. "Protegeremos a Jerusalén y protegeremos nuestros santos lugares cristianos y musulmanes. No abandonaremos nuestra patria. Permaneceremos y nos aferraremos a cada átomo de tierra en esta patria".

El destino del complejo religioso en la ciudad vieja de Jerusalén es un tema clave en el conflicto israelí-palestino. Los judíos lo llaman Monte del Templo, y creen que allí se alzaban dos templos judíos bíblicos. Los musulmanes lo veneran como el Noble Santuario, donde creen que el profeta Mahoma ascendió al cielo. Sólo se permite la entrada al lugar de personas no musulmanas a horas concretas y se les prohíbe rezar.

Por otro lado, en otras zonas de Jerusalén reina la tensión después de la muerte de un israelí al que varios palestinos apedrearon en su auto. Varios policías y civiles israelíes han resultado heridos esta semana en ataques palestinos.

El primer ministro, Benjamin Netanyahu, prometió en una reunión de emergencia el martes por la noche que se tomarían medidas más duras contra la violencia.

"En la víspera del feriado se demostró de nuevo que arrojar piedras puede matar", dijo. "Se ha decidido incrementar las medidas en varios ámbitos: se estudiará cambiar las órdenes sobre abrir fuego y se establecerán sentencias mínimas para estos delitos e impondrán grandes multas a los menores --y sus padres- que cometan estos delitos".

El ministro de Justicia, Ayelet Shaked, dijo el miércoles a la radio del Ejército israelí que "la estrategia será que cualquiera que sostenga una piedra o una bomba incendiaria será considerado como alguien que sostiene un arma letal".