A bordo de un vuelo privado con destino a Manchester anclado en la terminal T1 del aeropuerto madrileño de Barajas, Keylor Navas le daba vueltas a cómo, en apenas 48 horas, había pasado de ser aclamado por los hinchas del Real Madrid en el estadio Santiago Bernabéu a ejercer de moneda de cambio en el traspaso del español David de Gea a la entidad blanca.

Y en esas le avisaron que se bajara del avión.

El reloj corría la tarde del 31 de septiembre y no habría tiempo para que pasara la revisión médica en Inglaterra antes del cierre del mercado de fichajes a medianoche, por lo que el Manchester United enviaba a sus galenos a Madrid, donde el arquero costarricense acabó superando las pruebas físicas. Ahora sí, el fichaje por el equipo de Old Trafford era prácticamente un hecho.

Pero tampoco.

Tras tanto ir y venir, tirar y aflojar, el vodevil veraniego no logró batir el cronómetro del cierre mercantil por la pésima gestión burocrática de las partes implicadas.

En una de las historias más rocambolescas que puedan presentarse en el siempre surreal mundo del futbol, Navas acabó desembarcando de aquella aeronave para quedarse, De Gea nunca aterrizó en Madrid y tanto la entidad "merengue" como el ManU se vieron feamente retratados, tristes protagonistas de un embrollo en el que buena parte de sus actores perdieron algo más que la dignidad profesional.

No así Navas, quien reaccionó con entereza tras el mazazo inicial y se plantó al día siguiente en la ciudad deportiva del Madrid para entrenar como un poseso. Nada será ya igual en el club blanco para el oriundo de San Isidro, pero el arquero se propuso hacer lo que único que estaba realmente a su alcance: demostrar a quienes le menospreciaron que habían cometido otro error garrafal.

Y dos semanas después, mientras De Gea debutaba con el United en la liga Premier tras renovar su contrato con los "diablos rojos" hasta 2019, Navas saltó también al ruedo del campeonato español como arquero titular del equipo de Rafa Benítez. Lo hizo en cancha del Espanyol, donde se presentó con el arco invicto y, noventa minutos y dos excelentes atajadas después, se retiró con una amplia sonrisa y marcador inmaculado: goleada por 6-0 y tres puntos a la cuenta para seguir a dos del líder Barcelona.

"Jugué con confianza, tranquilo. Tengo ganas de trabajar y de seguir ese camino. Queremos que la defensa sea uno de los puntos fuertes este año y estamos consiguiendo que los rivales no nos creen ocasiones", sintetizó casualmente el portero, previsible protagonista también para el debut en la Liga de Campeones, el martes contra el Shakhtar Donetsk

Benítez, que en la víspera del frustrado traspaso con De Gea dijo haber cenado con Navas y su entorno, reafirmándole su confianza, no quiso el lunes confirmar su titularidad en la Champions, aunque un nuevo bandazo en el arco madridista, donde también compite por minutos el recién fichado Kiko Casilla, no se antoje lo más recomendable para el técnico novel. "Aún no he hablado con los porteros de este tema, por lo que no diré nada ante la prensa. Que jugase uno u otro no sería ningún problema", expuso el madrileño en la previa continental.

Cierto que Navas parece curado de espantos a estas alturas de la película. Llegó a inicios de la campaña pasada como una de las principales figuras del Mundial de Brasil 2014 y debió adaptarse a un rol secundario tras la alargada sombra del emigrado Iker Casillas, contentándose con disputar seis partidos de liga, tres de Copa del Rey y dos de Champions.

Y no es que el internacional "tico" se arrugara precisamente en los entrenamientos. "Era impresionante ver sus reflejos bajo palos", recuerda el entonces tercer arquero, Fernando Pacheco, actual del Alavés. Cualidades evidenciadas nuevamente el pasado sábado, cuando Navas salvó con la yema de los dedos un violento zapatazo del ecuatoriano Felipe Caicedo al rincón, aún con 0-0 en el marcador, y luego exhibió reflejos felinos para sacar un cabezazo picado de Gerard Moreno, ya con el triunfo encarrilado.

Su tensión competitiva, la misma que le impulsó a entrenar en la resaca del cierre mercantil, ha sido ampliamente elogiada desde que se presentó en Madrid procedente del modesto Levante, donde permitió 71 goles en 70 partidos las tres temporadas anteriores.

En el presente campeonato, y en esperas de lo que depare la Champions, es el único guardameta que conserva su arco invicto tras las tres primeras fechas, algo que no ocurría en el Madrid desde la campaña 1975-76, con Miguel Ángel González.

Otro histórico del arco madridista, Paco Buyo, ya avisó la pasada campaña que consideraba a Navas sobradamente preparado para defender la portería en las citas más exigentes. "El Madrid se ha fijado en él pensando en el futuro. Ha demostrado ser de total garantía y está acostumbrado a la presión. Tiene una agilidad fantástica, grandes reflejos y juego de pies", valoró el ex cancerbero. En su consejo al costarricense fue visionario: "que sea él mismo, tenga paciencia y disfrute. Lo peor es la ansiedad".

Resistida la espera con Carlo Ancelotti al timón, aparentemente en sintonía con Benítez y el plantel, que elogió su actuación en la victoria por 5-0 sobre el Betis por la segunda fecha, con penal atajado incluido pese a los constantes rumores sobre su futuro, Navas se siente con fuerzas y respaldado sobre la cancha, por mucho que le infravaloren en los despachos.

El que se antojaba su único partido como madridista el Bernabéu finalmente no lo fue, y el portero espera, como entonces, ganarse nuevas ovaciones por parte de la hinchada gracias a sus vuelos. Y aquel disparatado vuelo que nunca despegó.