Al aumentar su participación militar en la guerra civil siria, parece que Rusia le apuesta a que Occidente, horrorizado por la expansión del grupo Estado Islámico y una creciente crisis de inmigrantes, esté dispuesto a tolerar calladamente al presidente Bashar Assad durante un tiempo, probablemente como parte de la transición.

La lógica es que, al priorizar la lucha contra los yihadistas, ello significaría aceptar a Assad como la opción menos mala a pesar de sus propias acciones brutales, y podría producir una lucha más efectiva y coordinada tanto aérea como terrestre.

Reorganizaría también una situación extraña en Siria, en la cual el régimen de Assad y la coalición liderada por Estados Unidos están luchando activamente contra el mismo grupo pero no actúan como aliados, en contraste con la coordinación que la coalición mantiene con las autoridades en el centro de Bagdad en la lucha paralela contra el grupo Estado Islámico en el vecino Irak.

Rusia no tiene tales complicaciones.

Moscú, que durante mucho tiempo ha apoyado al gobierno sirio, recientemente aumentó su actividad militar en Siria y envió a consejeros militares, técnicos y guardias de seguridad con el objetivo principal de montar una base aérea cerca de la localidad costera de Latakia, un bastión del presidente sirio. Hay reportes que indican que los rusos han enviado soldados y unidades modulares de viviendas. Y el ministro de Defensa israelí, Moshe Yaalon, dijo que supone que los rusos lucharán a un lado de las tropas de Assad.

Incluso más que la ayuda simultánea de Irán y los milicianos chiitas a nombre de Assad, la intervención militar de Rusia podría potencialmente modificar radicalmente la situación en el conflicto sirio, inclinando la balanza en una guerra civil espectacularmente desastrosa en la cual han muerto un cuarto de millón de personas y que ha generado una enorme crisis humanitaria a nivel mundial.

Samantha Power, la embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, dijo en una entrevista con la cadena CNN que "Assad no puede ser parte de la solución... porque es responsable de una de las peores campañas de tortura en la memoria moderna".

A pesar de tales declaraciones, la evidencia indica que el presidente ruso Vladimir Putin considera que Occidente puede ser persuadido, aunque sólo sea informalmente. Moscú también podría tener esperanzas de que una participación suya creativamente constructiva en Siria pudiera mejorar sus relaciones con Occidente, gravemente afectadas por la crisis ucraniana.

Una verdadera acumulación de fuerzas rusas podría complicar la acción militar futura de Estados Unidos en Siria, incluida una zona segura a lo largo de la frontera turca de la que se ha hablado con Ankara.

Aunque es poco probable que Washington y sus aliados saudíes actualmente preocupados con la guerra de Yemen confronten abiertamente el despliegue ruso, ambos probablemente responderían con un incremento en su apoyo a los rebeldes opuestos a Assad.

La extensión de la participación de Moscú en Siria sin duda seguirá siendo poco clara hasta que Putin hable en la asamblea general de la ONU más adelante en el mes.

Un análisis reciente elaborado por The Soufan Group, una compañía privada de valoración de riesgo con sede en Nueva York, pronosticó que el conflicto empeorará en medio de las maniobras regionales.

"Ya de por sí un caldero letal de guerra regional en la que participan agentes externos, Siria se deteriorará aún más si Estados Unidos y Rusia utilizan a ambas partes de la guerra civil como una forma de ganar ventaja el uno contra el otro", afirmó.

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Zeina Karam es la directora de The Associated Press en Beirut y cubre a Siria desde 1996. Está en Twitter como http://twitter.com/zkaram

Bassem Mroue cubre al Medio Oriente desde 1992. Está en Twitter como http://twitter.com/bmroue