Decenas de miles de personas participaron el domingo en la tradicional marcha por los derechos humanos en memoria de los desaparecidos y víctimas del golpe militar del 11 de septiembre de 1973 en Santiago, que fue masiva y finalizó como es habitual con violencia e incidentes aislados.

La marcha transcurrió de manera pacífica como suele ocurrir cada año a través de las principales calles de Santiago, incluida la Alameda que atraviesa la ciudad, con la reivindicación en esta ocasión de poner fin a los pactos de silencio que protegen a los militares y exigiendo el cierre del penal especial para represores de Punta Peuco, que muchos consideran una cárcel de lujo.

Sin embargo, al final, grupos de encapuchados levantaron barricadas y protagonizaron violentos enfrentamientos con la policía, que desplegó carros lanzaagua y gases lacrimógenos para dispersarlos.

La manifestación que es organizada por colectivos de derechos humanos que agrupan a familiares de personas desparecidas se celebra tradicionalmente el domingo siguiente al 11 de septiembre, desde que ésta dejó de ser feriado en 2002.

"Han pasado 42 años del golpe militar, estamos marchando por memoria, porque nunca debemos olvidar, porque exigimos verdad total y justicia plena y porque queremos el país de una vez por todas termine con todo los amarres dictatoriales", señaló a The Associated Press la presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, (AFDD), Lorena Pizarro.

La herencia de la dictadura incluye partes fundamentales de la estructura del país, como el sistema económico, de salud o educativo, así como la Constitución que sigue siendo la que puso en marcha el dictador Augusto Pinochet (1973-1990).

"Marchamos porque no queremos nunca más terrorismo de Estado, queremos terminar con la Constitución y porque queremos el respeto de los derechos humanos en Chile", continuó Pizarro.

Uno de los momentos más emotivos se produjo cuando los manifestantes pasaron por delante del palacio presidencial de La Moneda mientras se podía escuchar el último discurso de Salvador Allende, el presidente elegido democráticamente que fue derrocado ese trágico día de 1973.

"Vamos a marchar indefinidamente hasta que se haga justicia por nuestros caídos, por todos los atropellos a los derechos humanos que hemos vivido en este país", relató a la AP Ramón Núñez, dirigente de la Asamblea Nacional de Derechos Humanos.

En el discurso en el acto cultural al final de la marcha, que tiene lugar en el monumento a los desaparecidos que hay en el Cementerio General de Santiago, Lorena Pizarro solicitó el fin de los pactos de silencio de los militares y también el cierre del polémico penal Punta Peuco, donde están recluidos exclusivamente los violadores de los derechos humanos y que cuenta para muchos con privilegios especiales que no existen en otras cárceles del país.

"Nosotros no queremos que esto termine en cosas simbólicas", señaló Pizarro. "El cierre del penal Punta Peuco es una medida inmediata que hay que tomar para avanzar", en el país, manifestó, solicitando también el fin de los pactos de silencio dentro de las fuerzas armadas.

En el tramo final de la marcha diversos grupos de encapuchados levantaron barricadas y comenzaron a lanzar piedras y cócteles molotov contra la policía y también contra alguno de los periodistas cubriendo la marcha. La policía desplegó varios carros lanzaagua y gases lacrimógenos y arrestó a varias personas.

En total, 40.018 personas fueron asesinadas, torturadas o recluidas por motivos políticos durante la dictadura de Pinochet. Según cálculos del gobierno, 3.095 personas fueron asesinadas, entre ellas 1.200 que fueron víctimas de desaparición forzada.