Las fragancias florales flotaron el viernes hacia el patio del primer museo del perfume del famoso perfumero francés Fragonard.

El amplio edificio que albergó alguna vez un lascivo teatro parisino y posteriormente un elegante velódromo, fue restaurado durante dos años para exhibir la historia y técnicas detrás de la creación del perfume.

"La idea es compartir nuestro saber. Hace a todos soñar. Francia es célebre por el perfume, así que nuestra aspiración es compartir los tesoros que hemos acumulado", dijo Agnes Costa Webster, bisnieta del fundador de Fragonard, Jean-Francois Costa, quien profundizó en la vasta colección de la familia para crear el museo.

Ella heredó cientos de objetos de arte, frascos exóticos, destiladoras antiguas y aparatos olfativos que ahora son presentados al público, muchos de ellos por primera vez, junto con un archivo fílmico en blanco y negro.

Además de la historia, un nuevo museo de primera --ahora entre otros varios museos más pequeños en París dedicados a las fragancias-- demuestra tanto la popularidad del perfume como su estatus como la columna vertebral financiera de la industria de lujo globalizada actual.

"Hay maravillas en la creación de perfumería contemporánea", dijo Costa Webster. "Pienso que es un arte que nunca terminará".

El museo exhibe los vuelcos del destino e historia que conformaron la forma de arte olfativa.

Frascos y otros objetos dan testimonio de cómo el perfume pasó de moda en la Edad Media pero alcanzó un nuevo clímax en el siglo XV, cuando los franceses, temerosos de enfermedades en el agua, se abstuvieron de lavarse y se apoyaron en el perfume para ocultar olores corporales. Para el siglo XVIII, la vanguardista María Antonieta dictaba qué fragancias estaban en boga --prefería las esencias florales-- y los frascos alcanzaron tamaño ostentoso.

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Thomas Adamson está en Twitter como: http://Twitter.com/ThomasAdamsonAP