Un grupo de monjas de clausura lleva días de trabajo extra en la cocina para ayudar a las autoridades eclesiásticas de Filadelfia a preparar la visita del papa Francisco, y ha horneado 100.000 hostias para comulgar en la misa pública que ofrecerá el pontífice.

Las religiosas del monasterio suburbano de Santa Clara han hecho turnos extra durante unos dos meses para cubrir el pedido, que supone apenas una parte de las hostias que se ofrecerán en la ceremonia al aire libre el 27 de septiembre. Se espera que acudan hasta 1,5 millones de fieles.

"Estamos muy emocionadas", dijo la hermana Anne Bartol. "Es un trabajo muy especial para nosotras, y tenemos mucho cuidado --un cuidado extra-- con cómo lo hacemos".

Las religiosas católicas forman parte de una comunidad enclaustrada, las clarisas pobres, que no salen del monasterio salvo por motivos médicos. Se mantienen en parte fabricando pan de comunión para unos 200 clientes en Estados Unidos y Canadá.

Las sesiones de horneado de tres horas comienzan en torno a las 8.30 de la mañana. Se mezclan harina y agua para hacer la masa, que después se vierte en bandejas con iconografía religiosa grabada. El pan se hornea unos pocos minutos y aparece como una lámina fina estampada con las imágenes.

Después de pasar por un proceso que añade humedad --lo que impide que se desquebrajen al cortarlas_, las láminas se colocan en una máquina que hace docenas de hostias circulares. Después los pedazos se revisan, cuentan, envasan y envían.

Las hermanas suelen hacer unas 125.000 al mes utilizando sus impolutos hornos, apodados cariñosamente Raphael, Maddalena, Vincent y Benny. Los humificadores se llaman Archangel y El Rey. Una bolsa de unas 500 hostias pequeñas cuesta unos 5 dólares, además del transporte y la gestión.

Parece apropiado que se pidiera a las clarisas pobres, una orden fundada hace más de 800 años, ayuda con la visita del papa. Santa Clara fue la primera mujer seguidora de san Francisco de Asís, del que tomó su nombre oficial el papa Francisco.

Aunque algunas monjas dedican sus vidas a las tareas religiosas y la obra benéfica, las clarisas pobres llevan lo que se conoce como vida contemplativa. Las 13 hermanas que viven en el monasterio de Langhorne, unas 20 millas al nordeste de Filadelfia, dedican sus horas a la oración.

La hermana Jean Therese Rossignol entró en la comunidad hace dos décadas tras "haber sentido siempre el deseo de convertirme en hermana religiosa", dijo. Antes trabajó en la oficina de negocios de un periódico de Maine, y después trabajó como misionera en África. Allí se sintió llamada a regresar a Estados Unidos para vivir una vida contemplativa.

Sin embargo, las clarisas pobres no están aisladas por completo. Hacen negocios por correo electrónico, mantienen un sitio web y permiten al público visitar su capilla. Y las hermanas señalan que el arzobispo de Filadelfia les ha otorgado un permiso temporal de su voto de clausura para permitir que acudan a la misa donde se entregará su pan a los fieles.

"De verdad estamos deseando estar allí, verle en persona y estar con todo el mundo", comentó Rossignol.

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En internet:

www.poorclarepa.org

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Kathy Matheson está en Twitter en www.twitter.com/kmatheson