El festejo de Aytekin Yilmazer será una noche inolvidable, tanto para él como para los cientos de refugiados de Siria, Afganistán y otros rincones problemáticos del mundo que recibieron su invitación el miércoles para celebrar su cumpleaños número 37.

Nadie cantó "Feliz Cumpleaños". No hubo pastel, ni regalos y la mayoría de los asistentes eran extraños. Pero tanto Yilmazer como los invitados que llegaron a la mezquita turca cerca del principal centro de recepción de refugiados en Traiskirchen, en el sur de Viena, no mostraron señales de echar de menos las costumbres comunes de una celebración de cumpleaños.

"Estoy cenando con amigos como en realidad lo hago cada año en mi cumpleaños", explicó el hombre de origen turco especialista en mercadotecnia, mientras los migrantes formaban dos líneas atrás de él, junto a voluntarios que repartían sopa de lentejas, arroz, verduras y cocido de cordero. "Este año encontré a 3.000 nuevos amigos en el campamento de refugiados".

No estaba claro si los casi 4.000 residentes del centro aceptarían la invitación. Pero las mesas montadas bajo toldos rápidamente se llenaron después de que las puertas de la mezquita se abrieran, y el barullo de diversos idiomas pronto llenó el ambiente vespertino. Al terminar de comer la gente, nuevos invitados tomaban su lugar.

"¿Esta comida y la comida del campamento? ¡No hay comparación!", dijo la estudiante de literatura inglesa, Widad Rageb, quien llegó al campamento con su marido procedentes de Aleppo, una de las ciudades sirias más afectadas en el país que lleva más de cuatro años en guerra civil. "Es una noche especial".

Yilmazer dijo que la idea de festejar su cumpleaños con los menos afortunados fue espontánea, en una época en la que llegan a Austria y Alemania miles de personas huyendo de la guerra y persecución en el Medio Oriente, Asia y África.

"Nunca me pregunté el motivo", dijo. "Sólo me pregunté qué puedo hacer (para ayudar a los migrantes) y lo hice".