Las autoridades húngaras empezaron a transportar en autobuses a los migrantes y refugiados exhaustos a un centro de registro cercano el martes, lo que distendió en parte la situación en la frontera húngaro-serbia. Pero la marea humana se mantenía constante con miles arribando a Hungría, su puerta de entrada a la Unión Europea.

Hungría ha realizado esfuerzos frenéticos y atropellados para tratar de controlar la enorme ola de migrantes que tratan de atravesar el país hacia Alemania, con lo que muchos quedan atrapados en la población fronteriza de Roszke, furiosos por el trato que reciben.

El primer ministro húngaro Viktor Orban anunció el martes que se acelerará la construcción de una cerca para impedir la entrada de los refugiados.

Por su parte, la agencia de la ONU para los refugiados expresó preocupación por la falta de instalaciones de recepción adecuadas en la frontera y por la falta de ayuda humanitaria.

Babar Baloch dijo a la Associated Press que "la policía de fronteras no está entrenada para tratar a los refugiados".

"Cuando llega la gente hay que acogerlos como es debido. Hay mujeres y niños y se les deja a la intemperie. Las temperaturas están bajando así que necesitamos un sistema en que esta gente reciba la atención que corresponde", dijo.

Horas antes, migrantes exasperados por haber sido atrapados detrás de una fila de policías empezaron a forcejear con los agentes, y un hombre resultó herido.

"Hace dos días que estamos aquí y el gobierno húngaro trae un solo autobús", dijo un sirio que se identificó como Alí. "Pedimos que nos manden de regreso a Serbia y nos niegan ese derecho. Pedimos ir a Budapest y nos niegan ese derecho. ¿Por qué? ¿Por qué?"

Voluntarios repartían agua y algo de ropa, pero las comodidades eran escasas. Había desperdicios por todas partes y se veía columnas de gente caminando por las vías en Serbía rumbo a Hungría.

En la estación de Keleti en Budapest, se permitía a los migrantes abordar trenes rumbo a Austria y Alemania. En algunos casos se los separaba de los demás pasajeros y se les obligaba a ocupar los últimos vagones.

La fila de gente formada para tomar el tren hacia Occidente se alargaba, con unas 200 personas a la espera del tren siguiente.

Casi todos los que pasan por Hungría esperan llegar a Alemania u otros países de Europa occidental con planes de bienestar generosos y política de asilo. Casi nadie quiere quedarse en Hungría, que se ha mostrado hostil a los buscadores de asilo y que no ofrece las mismas oportunidades que Alemania, mucho más rica.

En la UE continuaba el debate sobre lo que debía hacer cada país. Hungría y otros países del antiguo bloque oriental se resiste a recibir a los refugiados, pero Alemania promueve un plan para imponer cuotas obligatorias a cada uno de los 28 países de la UE.

El canciller austríaco Werner Faymann dijo que los países que se opusieran a recibir refugiados bajo un sistema de cuotas deberían sufrir sanciones económicas.

En Ginebra, el funcionario de la ONU Peter Sutherland dijo que "no basta" que países como Estados Unidos y los estados ricos del Golfo Arábigo envíen dinero para ayudar a los refugiados sirios: deben acogerlos.

"Pagar para salirse de esto no es satisfactorio", dijo Sutherland, y añadió que las agencias de la ONU distan de tener los fondos necesarios para afrontar la crisis.