Un nuevo estudio controversial se pregunta si han concluido las temporadas agitadas de huracanes en el Atlántico características de las décadas recientes. El Atlántico parece estar entrando en un nuevo ciclo menos furioso de tormentas al igual que en las décadas de 1970 y 1980, escribieron dos prominentes investigadores en la edición del lunes de la revista Nature Geoscience.

Científicos de la Universidad Estatal de California, incluso el profesor pionero de los pronósticos de temporadas de huracanes, dicen que están presenciando un enfriamiento y una baja de salinidad en el Atlántico Norte cerca de Groenlandia. Estas condiciones, sostienen, modifican las pautas locales climáticas y oceánicas y forman un ciclo intermitente de actividad de huracanes que data de fines del siglo XIX.

Las aguas cálidas más saladas producen períodos de tormentas más numerosas e intensas seguidas de aguas más frías y menos saladas que dan lugar a huracanes menos numerosos y menos intensos, precisa. Los períodos duran unos 25 años más o menos. El ciclo más activo que acaba de concluir fue uno de los más breves, quizás porque fue tan intenso que se quedó sin energía, afirma el autor central del estudio Phil Klotzbach.

Klotzbach afirmó que desde 2012 se ha registrado más frío y menos salinidad, lo que sugiere un nuevo período menos intenso, pero advirtió que es demasiado pronto como para asegurarlo. "Solo nos estamos planteando la pregunta", afirmó.

Sin embargo, cree que así es. Sostiene que el ciclo intenso comenzó alrededor de 1995 y probablemente terminó en 2012. en 2005, Katrina, Rita y Wilma mataron a más de 1.500 personas y causaron miles de millones de dólares en daños. Fue precedido de un ciclo más tranquilo de 1970 a 1994 y antes hubo otro activo de 1926 a 1969, agregó.

Klotzbach no tiene en cuenta dónde se desencadena la tormenta sino su intensidad y duración. Por eso, aunque no hubo huracanes de gran intensidad en Estados Unidos en 2010, la actividad general fue más de 60% superior a lo normal y una temporada tranquila no significa que una ciudad no pueda experimentar daños devastadores, aclaró. El huracán Andrew cayó en el sur de la Florida en una temporada por lo demás tranquila en 1992.

Algunos científicos rechazaron las conclusiones del estudio o lo calificaron de prematuro.

"Creo que están equivocados", comentó Kerry Emanuel, profesor de meteorología en MIT, especialista en huracanes. "Su estudio no está avalado por muchas evidencias".

Emanuel opinó que los períodos de huracanes menos intensos en la década de 1970 y 80 están vinculados con contaminación de sulfuro y que el período intenso sucesivo es resultado de la limpieza del aire.

___

En la red:

Nature Geoscience: http://www.nature.com/ngeo

___

Seth Borenstein está en: http://twitter.com/borenbears