Estados Unidos y la Unión Europea se proyectan como modelos universales en lo que respecta a democracia y derechos humanos. Pero hay otro tema, la migración, que los divide profundamente y pone a prueba de qué modo pueden mantener la solidaridad en medio de un debate virulento sobre controles fronterizos, deportaciones y valores nacionales.

En la Unión Europea de 28 naciones algunos países han buscado bloquear el flujo sin precedente de migrantes que huyen de la pobreza en el Oriente Medio y Africa, mientras Alemania --la potencia de la UE-- se apresta a procesar a 800.000 migrantes este año y desea que otros países también participen.

En Estados Unidos, el influjo de inmigrantes que entra ilegalmente ha aflojado en los últimos días, pero la retórica sigue encendida. Donald Trump, que encabeza las preferencias del público entre los aspirantes a la candidatura presidencial republicana, propone la deportación en masa de millones de inmigrantes que viven en Estados Unidos sin autorización, y algunos de sus rivales se han sumado a su propuesta de dejar de conceder ciudadanía automáticamente a los hijos de dichos inmigrantes, como también la de erigir un muro en la frontera con México.

En Europa, empieza a cuestionarse el futuro de las fronteras internas sin pasaporte, y una cifra creciente de muertes profundiza el sentido de urgencia. Más de 2.800 migrantes han muerto este año tratando de llegar a Europa, en su mayoría por mar, según la Organización Internacional para las Migraciones. El 27 de agosto se hallaron los cadáveres en descomposición de 71 migrantes en un camión abandonado cerca de Viena, al parecer después de morir sofocados.

En la frontera húngara con Serbia, unos 300 extremistas marcharon hace unos pocos días con banderas hasta un cruce fronterizo y gritaron a los migrantes diciéndoles que se fueran por donde habían llegado. Recordó la escena de julio del 2014 en Murietta, California, donde una horda vociferante bloqueó el paso de autobuses donde mujeres y niños eran conducidos a un centro de procesamiento de la Patrulla Fronteriza después de haber llegado de lugares conflictivos en Centroamérica. Los manifestantes, muchos de los cuales hacían ondear banderas estadounidenses, les exhortaban a irse con leyendas como "Devolver al remitente".

La cuestión suscita tantas pasiones que el presidente Barack Obama ha provocado críticas tanto de izquierda como de derecha por su manejo de la cuestión inmigratoria.

Los antiinmigrantes se indignaron por los esfuerzos de Obama por hacer menos estricta la deportación de inmigrantes no autorizados. Encabezados por Texas, 26 estados han demandado para bloquear ese cambio en la política de deportación.

Por contraste, grupos por los derechos de los inmigrantes notan que durante el gobierno de Obama se ha practicado un número récord de deportaciones y se ha permitido la detención de muchas de las madres centroamericanas que han cruzado la frontera con sus hijos.

"Nuestra narrativa histórica es que Estados Unidos es acogedor, que somos una nación basada en inmigrantes", comentó Cecillia Wang, directora del proyecto sobre los derechos de los inmigrantes, en la Unión Americana de Libertades Civiles. "Es increíblemente triste y decepcionante que hayamos perdido de vista esos valores, y que estemos deteniendo y deportando solicitantes de asilo como modo de disuadir a otros".