Durante la azarosa travesía que duró semanas de miles de migrantes, Europa veía con frialdad el avance de esa marea humana en medio de la inhospitalidad.

Sin embargo, el sábado por primera vez desde que huyeron de sus conflictivos países, esas personas llegaron a la tierra prometida y lloraron de alegría ante la amistosa recepción que les dio Alemania.

Más de 7.000 árabes y asiáticos que buscan asilo cruzaron la frontera occidental de Hungría hacia Austria y después a Alemania ante el giro más reciente en la errática política de Budapest, cuyo gobierno es adverso a los inmigrantes.

En cuestión de horas, los viajeros que en su mayoría provenían de Siria, Irak, y Afganistán, a los que se había dicho por días que no podrían salir de Hungría, fueron retirados de las orillas de las carreteras y de la estación ferroviaria central de Budapest. Durante la noche, los inmigrantes fueron subidos a autobuses que los llevaron a la frontera con Austria, donde se les permitió cruzar a pie mientras asomaba el amanecer del nuevo día.

Fueron recibidos entre un ambiente de imprevista hospitalidad que incluyó transporte gratuito en trenes de alta velocidad y generosas cajas con víveres mientras varias personas obsequiaban dulces a todos así como muñecos de peluche a los niños que las madres llevaban en los brazos.

Incluso los adultos se quedaron atónitos ante la súbita bienvenida y veían con cierta sorpresa que alemanes y austriacos habían dejado claro que habían llegado a territorios que podrían convertirse en su nuevo hogar.

"Estoy muy contento de estar en Alemania. Espero encontrar aquí una vida mucho mejor. Quiero trabajar", dijo Homam Shehade, un comerciante sirio de 37 años cuya travesía había durado 25 días.

Shehade dejó atrás a sus padres, un hermano, su esposa, un hijo de siete años y una hija de dos años y medio. Confía en traer a toda su familia a Alemania.

Hasta entonces dijo: "Confío en que dios los proteja de los aviones y las bombas. Mi tienda y mi casa fueron bombardeadas".

Cuando los migrantes partían de Hungría, las autoridades hicieron una última exhibición de hostilidad hacia esos huéspedes temporales.

El primer ministro Viktor Orban anunció a la prensa que Hungría transportaría a los migrantes a la frontera debido a que representaban una amenaza pública, en particular porque entorpecían el tránsito de vehículos y las líneas ferroviarias al oeste de Budapest cuando escenificaron el viernes varias evasiones sorpresivas de puestos policiales y emprendieron su marcha hacia Austria.

Orban dijo que las personas a las que recibió Alemania provienen principalmente "de regiones que no están asoladas por la guerra".

"Solo quieren tener la vida que tenemos. Comprendo eso, pero es imposible. Si permitimos la entrada a todos, será la destrucción de Europa", declaró.

Según Orban, Hungría estaba decidida a contener la oleada de extranjeros que cruzaban el país.

El gobernante censuró los planes de la Unión Europea para concertar un acuerdo entre todos los países del bloque en la cumbre prevista para el 14 de septiembre en el que cada miembro se comprometería a aceptar y dar albergue a un número más alto de extranjeros.

Orban señaló que esa medida sólo propiciaría un mayor tránsito en una sola dirección.

"¿Qué se resolvería si nos repartimos 50.000 o 100.000 migrantes entre nosotros, cuando millones incontables emprenderán el camino?", preguntó Orban.

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Jordans informó desde Berlín. Contribuyeron a este despacho los periodistas de The Associated Press, Paul Wheatley en Munich, Alemania; Marko Drobnjakovic, Pablo Gorondi y Alexander Kuli en Budapest; Balint Szlanko y Petr Josek en Nickelsdorf, Austria, y George Jahn en Viena.