Las grandes epopeyas de la NFL generalmente tienen como protagonistas a un quarterback y al reloj. Joe Montana, John Elway y Tom Brady forjaron sus legados en un último ataque mientras el tiempo expira.

Pero el tiempo también es uno de los principales enemigos de un mariscal, y de cara a la campaña 2015 los minutos y segundos se agotan para varios de quienes juegan la posición más complicada e importante del fútbol americano.

Aquí algunos casos de mariscales de campo que están presionados por la cuenta regresiva:

GRANDE CON POCOS TÍTULOS

Cuando la campaña arranque, Peyton Manning estará a 2.147 yardas de igualar la marca de más yardas acumuladas por pase en poder de Brett Favre (71.838). Sólo en dos de las 15 campañas que ha estado activo en la liga (2011 no cuenta porque estuvo fuera debido a una operación en las vértebras) ha logrado menos de 4.000 yardas de avance por pase, y en 2013 superó las 5.000, por eso puede darse por descontado que superará la marca a menos que una lesión lo impida.

Casi es seguro que Manning se retirará siendo el líder absoluto en récords para un pasador: Más touchdowns, más campañas ganadoras, mejor diferencia entre TD's e intercepciones. Su carrera es ilustre como la que más, pero tiene una mancha: el que muchos consideran el mejor de la historia en la posición, sólo ha ganado un Súper Bowl, con los Colts, y perdió dos, uno con Indianápolis y otro con Denver. Su hermano Eli, cuya fama y estatus son mucho menores, ya tiene dos.

Un factor explica por qué Manning no es considerado el amo indiscutible: su carrera ha coincidido con la de Tom Brady, quinto en la lista de más yardas avanzadas por pase, pero ganador de cuatro anillos de Súper Bowl. Es casi inevitable que al hablar de la carrera de Manning se mencionen los logros de Brady y comience la discusión en torno a quién es mejor. Quizá para disipar esas dudas Manning regresó en 2015 luego de que su notable baja de desempeño en los últimos partidos de 2014 hizo que muchos anticiparan su retiro. Manning estará de nuevo al mando de un equipo poderoso con un entrenador, Gary Kubiak, especialista en pasadores. Las lesiones recientes y su edad quizá hagan que esta sea la última llamada.

ROMO, A LA SOMBRA DE LEYENDAS

Tony Romo, nieto de un mexicano que emigró a Estados Unidos y se estableció en Wisconsin, ha acumulado más yardas que ningún otro mariscal en el equipo que comparte el segundo sitio en más títulos (cinco) ganados de la NFL, los Cowboys. Roger Staubach, ganador de dos, está a 10 mil yardas de distancia, y Troy Aikman (32.942), tricampeón en Dallas, fue superado por Romo el año pasado.

Romo tendría muchos motivos de orgullo por sus 11 años en la liga. Sin ser elegido en el draft fue llamado por los Cowboys y se quedó en el club. En 2006 desbancó a Drew Bledsoe y enderezó una campaña sin rumbo para meter al equipo a postemporada. Ha pasado para 33.270 yardas y 242 touchdowns, le dio consistencia a una posición que vio pasar a 10 jugadores... pero en Dallas eso no es suficiente. Ahí mandan los campeonatos y Romo ha estado lejos, con apenas dos victorias en playoff por cuatro derrotas.

Romo destaca por su valentía, agilidad, capacidad para tirar sobre la carrera, pero también por perder la cabeza cuando la presión aumenta, por ejemplo, en la postemporada.

El año pasado los Cowboys hilaron una inesperada racha victoriosa que los llevó a postemporada pero cayeron ante los Packers. Ahora, con una defensa reforzada, esperan tener otra oportunidad. Para Romo aplica el título del libro de memorias que escribió Staubach: "Tiempo suficiente para ganar". Le queda plazo, pero el reloj está en marcha.

PROMESA DE CRISTAL

En 2008, con sólo un año en la titularidad en Oklahoma, Sam Bradford rompió marcas, llevó a su equipo a los primeros sitios del fútbol americano universitario y ganó el trofeo Heisman. Pero en 2009 sufrió dos lesiones que lo incapacitaron y entró al draft en 2010.

Las lesiones no desanimaron a los Rams, que lo tomaron con la primera selección y lo vieron lanzar para 3.500 yardas en su año de novato. Pero en 2011 una lastimadura en el tobillo lo disminuyó y el equipo tuvo marca de 2-14, la peor de la liga. Tras un 2012 regular, perdió media temporada de 2013 y todo 2014 por lesiones en la rodilla.

Para su sexto años los Rams lo enviaron a Filadelfia, donde se usa un ataque de ritmo endemoniado. Ahora, el quarterback alto y pesado (1,98, 101 kilos), con rodillas delicadas, estará al mando de un ataque que lo obliga a correr, lanzar en movimiento y tener mucho más movilidad de la que ha mostrado. Los pronósticos parecen ir en su contra y está ante la prueba definitiva.

¿SALIDAS TEMPRANAS?

En Texas, donde el fútbol americano es religión, Robert Griffin III y Johnny Manziel fueron ídolos universitarios. Ambos llevaron de vuelta a los primeros planos a escuelas con fama que pasaron por malos años a principios de siglo, Baylor y Texas A&M, respectivamente.

Ambos ganaron el Heisman electrizando a los aficionados con su velocidad, su arrojo para lanzar desde cualquier posición y su agilidad. Pero en Redskins y Browns no sólo han sido una decepción sino que se les pone como ejemplo de las diferencias entre el fútbol universitario y el profesional, donde importan no sólo las cualidades físicas sino el estudio, la técnica, la disciplina, algo de lo que especialmente Manziel adolece.

La falta de precisión y las lesiones han sido el talón de Aquiles de Griffin en Washington, donde el entrenador Jay Gruden anunció que el favorito del dueño Dan Snyder empezará la temporada en la banca, al dar la titular a Kirk Cousins. La principal falla de Manziel ha sido la indisciplina, plasmada en sus fiestas y borracheras que lo llevaron a un centro de tratamiento antes de esta temporada.

Ambos están en situaciones complicadas, porque en sus cuadros no sobra el talento pero el reto es fenomenal. Este será el año en que compren tiempo o digan adiós.