La naturaleza competitiva y los miles de millones de dólares en juego han convertido a la NFL en una liga de poca paciencia, especialmente con los entrenadores.

Cada equipo quiere buenos resultados, y de inmediato.

A continuación, algunos entrenadores que están en la cuerda floja al comenzar la campaña de 2015:

JOE PHILBIN, DOLPHINS

Por tercer año consecutivo, el equipo obtuvo al agente libre disponible más caro, cuando el defensive tacle, Ndamukong Suh, se unió a la lista que incluye al wide receiver Mike Wallace, quien ya dejó el equipo, y al tacle Branden Albert.

El dueño Stephen Ross quiere resultados a cambio de su dinero, por lo que Philbin está obligado a tener una temporada que lo destaque por encima del récord de 23-25 que ha acumulado en sus tres años en el sur de Florida.

JASON GARRETT, COWBOYS

Desde que asumió el puesto a mediados de la temporada 2010, es una tradición anual conjeturar sobre la seguridad laboral de Garrett.

Tras darle a Dallas su primer título de división y llevar a la franquicia a su primer triunfo en los playoffs desde 2009, las exigencias de Jerry Jones crecerán exponencialmente. Los últimos dos entrenadores de Dallas en ganar un partido de postemporada fueron los antecesores de Garrett, Wade Phillips y Bill Parcells. Ambos dejaron el puesto una temporada después de haber ido a los playoffs.

Garrett ya sabe que un paso atrás podría ser un paso final.

MARVIN LEWIS, BENGALS

En Cincinnati, el tiempo se agota para Lewis, y quizá sea 2015 el año en que las manecillas del reloj dejen de moverse. Lewis, quien solo es superado por Bill Belichick como el coach que más tiempo lleva en la NFL con su equipo actual, necesita un as bajo la manga si quiere alargar esa racha que comenzó en 2003.

Y cuando se habla de un as bajo la manga, se habla de un triunfo en playoffs de manera obligatoria. Cualquier cosa menos que eso bien podría ser la firma en el finiquito de Lewis, quien en sus 12 temporadas al frente de los Bengals, ha ido seis veces a postemporada, las últimas cuatro de manera consecutivas, solo para irse a casa un partido después.

Si bien Lewis le ha inyectado consistencia a un equipo históricamente mediocre, hay un momento en que aficionados y altos mandos quieren ver un paso al frente, o encontrar a alguien más que sea capaz de darlo.

JEFF FISHER, RAMS

Fisher se encuentra en una posición extraña en San Luis, pues los Rams son vistos por algunos como un potencial equipo sorpresa en la NFC, y por el bien de Fisher, más vale que así sea.

Si bien Fisher ha mostrado una capacidad de persuasión poco antes vista en la NFL, que le permitió estar al frente de Oilers y Titans durante cinco años antes de conseguir su primera campaña ganadora, ahora en San Luis entra al cuarto año de una situación similar. A Fisher solo le queda esperar que el dueño Stan Kroenke tenga la misma paciencia que el ya fallecido Bud Adams.

TOM COUGHLIN, GIANTS

No es algo de todos los días que un coach que tiene dos anillos de campeonato en los últimos ocho años esté en la cuerda floja, sin embargo, esa es la situación que podría encarar Coughlin al frente de los Giants luego de encadenar temporadas en rojo con el equipo por primera vez en sus 11 años como entrenador en jefe.

Coughlin debe encontrar la manera de revertir la tendencia que ha llevado a los Giants de 9 triunfos en 2012, a 7 en 2013 y a tan solo 6 la campaña anterior, donde tres victorias en los últimos cuatro juegos tal vez fueron las responsables de que el coach mantenga su puesto para esta nueva temporada.

JACK DEL RIO, RAIDERS

La campaña 2015 puede ser de debut y despedida para del Rio en Oakland y no tanto por lo que pueda hacer con un plantel joven pero talentoso, sino por la impaciencia que ha demostrado la familia Davis en la última década y media.

En las últimas 15 temporadas, Del Rio será el décimo entrenador al frente de los Raiders, y solo Tom Cable ha logrado mantener el puesto por más de dos años durante ese lapso, así que Del Rio está consciente que los resultados positivos le deben llegar rápido, muy rápido o correr el riesgo de ser una estadística más de la historia reciente de Oakland, que, al igual que sus colores, ha sido gris y negra.