El primer ministro de Hungría criticó el jueves a los líderes de Alemania y la Unión Europea por la falta de urgencia a la hora de enfrentar la crisis migratoria en el continente, mientras en su país reinaba el caos luego de que cientos de migrantes entraran a primera hora en la principal estación de trenes del país cuando la policía dejó de custodiar el edificio.

En una espiral de confusión, los migrantes se subieron a los trenes en la estación de Keleti de la capital húngara a pesar de los anuncios de que no habría servicio hacia Europa Occidental. La empresa de ferrocarriles húngara dijo que había suspendido los trenes directos desde Budapest hacia el oeste "en aras de la seguridad del transporte ferroviario".

Muchos migrantes, que no comprendían ningún idioma europeo y no recibían consejos de agentes húngaros, se amontonaron parados en un convoy a la espera de algo mejor. En su lugar, el tren se detuvo al poco tiempo al noroeste de Budapest en el pueblo de Bicske, en donde decenas de policías los esperaban para llevar al cargamento humano a uno de los campos más grandes para personas en busca de asilo: una instalación abierta llena de gente que muchos de los migrantes habían abandonado días antes.

Los migrantes desilusionados comenzaron a corear "¡Campo no!" en árabe, algunos intentaron huir a pie por las vías y una familia se sentó a un lado de las vías y solicitó apoyo a los periodistas. Cuando la policía le pidió a la prensa que se retirara de las vías y a la familia que se pasara al interior, el esposo, en evidente desesperación, perdió control emocional. Arrojó a su propia esposa e hijo a las pistas, se sentó a su lado y comenzó a pegarse a sí mismo en la cabeza mientras se quejaba de la falta de disposición de Hungría de permitirles viajar al oeste.

La policía en cascos y armadura rodeó a la familia y separaron al hombre de su esposa e hijo. Los agentes lo habían esposado mientras sollozaba, su pecho contra el pavimento, y se lo llevaron alzado. La mujer y el niño fueron escoltados lejos de la pistas, pero no fueron detenidos.

Otros migrantes pelearon con la policía y se abrieron camino de vuelta a los vagones del tren, en donde permanecieron horas parados bajo el sofocante sol. La policía entregó agua a los migrantes, pero muchos aventaron las botellas con el temor de que los policías hubieran puesto drogas en el agua para sedarlos.

La pregunta de cómo resolver el atolladero humano en Hungría se debatía intensamente el jueves en Bruselas en una reunión entre líderes de la Unión Europea y el primer ministro húngaro antiinmigrante, Viktor Orban. Hungría, quien durante meses hizo poco para evitar que los solicitantes de asilo se dirijan al oeste, ahora dice que no permitirá que más migrantes avancen al interior de Europa.

"Los húngaros tenemos miedo. La gente en Europa tiene miedo, porque vemos que los líderes europeos, entre ellos los primeros ministros, no son capaces de controlar la situación", dijo Orban.

Orban culpó a Alemania y confirmó que su gobierno planea enviar hasta 3.500 soldados a la frontera sur del país con Serbia, reforzando sus esfuerzos para impedir la llegada de tantos migrantes como sea posible al país. Su principal asesor, Janos Lazar, dijo que en lo que va de año 160.000 migrantes llegaron al país, casi 90.000 desde el 6 de julio.

"El problema (migratorio) no es un problema europeo, el problema es un problema alemán, a nadie le gustaría quedarse en Hungría", dijo Orban. "A todos ellos les gustaría ir a Alemania".

El primer ministro prometió que Budapest defenderá sus fronteras aplicando estrictamente las normas de la UE, identificando por la huella dactilar y cribando a todos los migrantes que entren en su territorio. Una vez que las nuevas medidas sean aprobadas en el parlamento, migrantes y traficantes de personas sabrían a qué atenerse.

Lazar pidió a Alemania que ayude a aliviar la situación en la estación de Keleti. Con unas 3.000 personas acampadas en el exterior, en el centro de Budapest, las condiciones son cada vez más precarias a pesar de los esfuerzos de voluntarios para distribuir agua, comida, medicinas y desinfectantes.

El jueves, un periodista de AP vio a un niño a un lado de sus padres dormidos gatear para comer migajas del piso. Cerca, otro niño caminaba sobre un montón de basura mientras recogía envoltorios vacíos buscando dulces.

"Nos gustaría que Alemania, a donde los migrantes quieren ir, asuma su parte", dijo Lazar sugiriendo que los migrantes acudan a la embajada del país en Budapest para solicitar un visado de entrada allí.

"Creemos que esto es fundamentalmente una crisis migratoria, no una crisis de refugiados, y que en esta situación Europa no puede renunciar a la defensa de sus fronteras", dijo Lazar a periodistas en el parlamento.

El miércoles, migrantes habían amenazado con recorrer a pie los 170 kilómetros (105 millas) hasta la frontera austriaca si no se les permitía embarcar en trenes hacia Austria y Alemania.

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Los periodistas de Associated Press Bela Szandelszky en Budapest, Lorne Cook en Bruselas y Petr Josek en Bicske, Hungría, contribuyeron a este despacho.