Un hombre que pasó casi 25 años en el corredor de la muerte en Missouri fue ejecutado el martes por secuestrar, violar y apuñalar hasta la muerte a una joven de 15 años que estaba esperando el autobús escolar.

Roderick Nunley es el sexto reo que recibe la pena capital en Missouri este año. Tras recibir una inyección letal, la respiración del preso de 50 años se volvió trabajosa por unos segundos. Después abrió momentáneamente la boca antes de quedar inmóvil.

Fue declarado muerto a las 21:09 CDT.

"Pese a haber admitido abiertamente su culpabilidad ante la corte, ha tomado 25 años llevarle a la sala de ejecuciones", dijo el fiscal general de Missouri, Chris Koster, en un comunicado tras el fallecimiento. "El caso de Nunley es un claro ejemplo de por qué la sociedad está tan frustrada con un sistema que se ha vuelto demasiado complicado".

De las 20 ejecuciones en todo el país en 2015, todas menos cuatro tuvieron lugar en Missouri y Texas. La de Nunley fue retrasada por apelaciones de último momento de abogados de opositores a la pena de muerte en Missouri que cuestionan la competencia del letrado del reo.

Nunley no realizó ninguna declaración final y nadie fue testigo de su castigo en su nombre, aunque antes el martes recibió las visitas de su hija y su consejero espiritual.

Robert Harrison, padre de la chica asesinada, fue testigo de la ejecución junto a un tío de la víctima y a dos amigos de la familia.

La desaparición y asesinato de Ann Harrison tuvo en vilo a Kansas City en marzo de 1989. La chica estaba esperando al autobús escolar en su calle, a 20 metros (yardas) de la puerta de su casa, cuando Nunley y Michael Taylor pasaban por la zona conduciendo un auto robado y decidieron secuestrarla en ese momento.

Su cuerpo fue hallado en el maletero del vehículo abandonado tres días después.

Los dos hombres fueron condenados a la pena capital en 1991. Taylor fue ejecutado el año pasado.

El gobernador de Missouri, Jay Nixon, negó el martes una petición de clemencia presentada por contrarios a la pena de muerte, asegurando que el sesgo racial había jugado un papel en el caso porque el fiscal rechazó un acuerdo que habría supuesto la cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional para Nunley. Nunley era negro, como Taylor, mientras que la víctima era blanca.

La Corte Suprema de Estados Unidos, por su parte, rechazó varias apelaciones del abogado de Nunley, incluyendo una que decía que la pena de muerte supone un castigo cruel e inusual.