Demócratas y republicanos intercambian culpas

Tras una desaceleración primero y una parálisis política después, la inmensa maquinaria del gobierno dejó de funcionar parcialmente el martes en tanto que el presidente Barack Obama advirtió que cuanto más dure esta situación "más familias saldrán perjudicadas". Los republicanos afirmaron que la parálisis del gobierno era culpa del mandatario y no de ellos.

En un mal presagio, líderes de ambos partidos han dejado entrever que el cierre, que se enfila hacia su segunda jornada, podría durar semanas, ampliarse y abarcar una posible moratoria de pagos de parte del Tesoro si el Congreso no aumenta el límite del endeudamiento de la nación.

Ambas situaciones se convirtieron "ahora una sola", dijo el senador Dick Durbin, demócrata de Illinois.

En declaraciones en la Casa Blanca, el presidente acusó a los republicanos de ser los responsables del primer cierre parcial del gobierno en 17 años y la atribuyó a una incesante "cruzada ideológica" que busca sepultar la ley de salud por él decretada y que es emblemática de su gobierno.

El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, de Ohio, reviró con la misma moneda.

"El presidente no cuenta toda la historia", afirmó Boehner en un artículo de opinión difundido en la edición digital del periódico USA Today. "El hecho es que los demócratas en Washington dieron el portazo a la reapertura del gobierno al rehusarse a sostener conversaciones bipartidistas".

Ambas cámaras del Congreso sesionaron en el Capitolio, donde fueron suspendidos los recorridos ordinarios al público, parte de las secuelas de la paralización parcial del gobierno que también causó el cierre de museos, monumentos en Washington, parques nacionales como el de Yellowstone, así como las actividades de los auditores fiscales y las labores en las oficinas federales que dan servicio a la ciudadanía en todo el país.

Las autoridades dijeron que unos 800.000 empleados federales serían afectados por el cierre parcial después de medio día de labores el martes para llenar hojas de asistencia, poner nuevos mensajes en correos de voz y efectuar otras tareas similares.

Entre estos trabajadores figuraron algunos del famoso hospital de última instancia del Instituto Nacional de Salud, donde las autoridades dijeron que no recibirían nuevos pacientes durante el cierre del gobierno.

El doctor Francis Collins, director de la agencia, calculó que cada semana que dure la paralización gubernamental la instalación se verá obligada a rechazar a unos 200 pacientes, entre estos 30 niños, que deseen inscribirse en estudios de tratamientos experimentales. Fueron autorizados a quedarse quienes ya son pacientes del hospital.

Para la noche del martes, los republicanos de la Cámara de Representantes pretendían una aprobación rápida de un proyecto de ley tendente a reanudar las actividades en algunas partes del estamento federal. Las iniciativas cubrían el Departamento de Asuntos para Veteranos de Guerra, el Servicio de Parques y una porción del gobierno en Washington, D.C. con financiación procedente de ingresos fiscales locales.

Los demócratas en el Congreso anunciaron su rechazo y la Casa Blanca amenazó con vetar las medidas; afirmaron que no debería permitirse a los republicanos escoger cuáles agencias debían abrir y cuáles continuar cerradas.

Ante tal postura, Michael Steel, portavoz de Boehner, afirmó que Obama "no podía continuar quejándose de las consecuencias de la paralización gubernamental sobre los veteranos de guerra, los visitantes en los parques nacionales y el Distrito de Columbia al tiempo de que veta iniciativas para ayudar a estos sectores".

Varios demócratas en la Cámara de Representantes aprovecharon la ocasión para proponer que se sometiera a votación una iniciativa autónoma de gasto, medida que la representante Elizabeth Esty, de Connecticut, dijo "pondría fin al cierre gubernamental ocasionado por el (grupo conservador del) tea party". Las propuestas fueron desechadas.

Irónicamente, nada afectó a la gran ampliación de la ley de salud --que pretendían impedir los republicanos-- y los consumidores ingresaban el martes en grandes números por primera vez en páginas de internet para contratar una cobertura con una aseguradora privada.

El cotilleo de vincular la disputa actual con otra que involucre el límite de la deuda nacional deja entrever que el cierre del gobierno podría durar algún tiempo. En la actual controversia, los republicanos intentan frustrar la ley de salud mediante la retención del financiamiento para el año fiscal que comenzó el primer minuto del 1 de octubre.

El gobierno advirtió que el techo de la deuda debe ser elevado para mediados de mes en tanto que los republicanos dijeron hace tiempo que buscarían reducciones al gasto al mismo tiempo, condición rechazada por Obama.

En Washington, algunos republicanos reconocieron en privado que podrían sufrir la peor parte de la ira de la ciudadanía a causa del cierre gubernamental, y parecían resignados a una eventual rendición en su más reciente contienda traumática con Obama.

Los demócratas tienen "toda la ventaja y nosotros ninguna", dijo el senador Saxby Chambliss, de Georgia.

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Los periodistas de The Associated Press, Lauran Neergaard, Alan Fram, Josh Lederman, Nedra Pickler, Seth Borenstein y Andrew Taylor, contribuyeron a este despacho.