Una serie de coches bomba azotó el lunes Bagdad, principalmente barrios de mayoría chií, provocando 55 muertos y decenas de heridos, informaron autoridades iraquíes, en lo que constituye la jornada más reciente de ataques coordinados que se atribuyen a insurgentes radicales suníes resueltos a reavivar un conflicto sectario a gran escala en el país.

En los últimos cinco meses, diversos atentados explosivos coordinados han azotado repetidamente Bagdad. El gobierno que encabezan los chiíes ha anunciado nuevas medidas de seguridad, efectuado redadas anti-insurgentes en zonas en las que cree se ocultan rebeldes e impulsado un diálogo de reconciliación política, pero no ha logrado reducir la frecuencia de los atentados explosivos.

Ningún grupo se ha responsabilizado de los ataques, que tienen los rasgos característicos del brazo de al-Qaida en territorio iraquí, una organización conocida como el Estado Islámico de Irak.

Persiste la creencia de que al-Qaida intenta aprovechar las disputas internas entre los grupos políticos y el descontento de la minoría suní hacia lo que ésta considera un trato de segunda clase de parte del gobierno.

Además de aportarle reclutas a al-Qaida, la crisis política también podría afectar la capacidad de las fuerzas de seguridad para obtener información de inteligencia de las comunidades suníes.

"Nuestra guerra con el terrorismo continúa", dijo el vocero del Ministerio del Interior, Saad Maan, a The Associated Press. "Parte del problema son las disputas internas políticas y los conflictos regionales... Existen deficiencias y necesitamos desarrollar nuestras capacidades principalmente en los esfuerzos de obtención de inteligencia".

El peor ataque ocurrió en la mañana en el vecindario de Ciudad Sadr, en el este de la ciudad, donde un coche bomba estacionado destrozó un pequeño mercado de hortalizas y su estacionamiento, dejando siete muertos y 16 heridos, dijo un policía.

Después otros coches bomba estacionados estallaron en secuencia rápida en los vecindarios chiíes de Nuevo Bagdad, Habibiya, Saba al-Bur, Kazimiyá, Shaab y Ur, Shula así como en los barrios suníes de Jamia y Ghazaliyá. Estos atentados dejaron 44 muertos y 139 heridos, según la policía.

Al anochecer, una bomba en un camino estalló afuera de una mezquita suní dentro del complejo de una refinería en el distrito de Dora, sur de Bagdad, donde murieron cuatro personas y 14 resultaron heridas.

Algunos atentados contra blancos suníes son atribuidos a extremistas radicales que atacan a rivales de esa rama religiosa, pero también hay indicios de que grupos chiíes han comenzado su venganza, lo cual incrementó los temores de una repetición de las matanzas sectarias generalizadas que ocurrieron en 2006 y 2007.

Funcionarios médicos confirmaron la cifra de fallecidos. Todos los oficiales hablaron con la condición de guardar el anonimato porque no están autorizados a declarar a los medios de comunicación.

Fuerzas de seguridad de Irak cerraron los lugares de los ataques mientras bomberos luchaban por extinguir los incendios desatados. Restos retorcidos de autos, incluidos los coches bomba, se hallaban sobre el pavimento.

Los extremistas iraquíes a menudo atacan lugares concurridos como mercados, cafés y mezquitas, con el fin de infligir grandes bajas.

La oleada de ataques del lunes fue la más grande desde los atentados que perpetraron atacantes suicidas el 21 de septiembre contra carpas abarrotadas de dolientes que asistían a funerales en Ciudad Sadr, lo que dejó 104 muertos.

Diversos ataques ocurridos el domingo en diferentes partes de Irak --incluyendo dos atentados suicidas en la relativamente tranquila región curda, en el norte del país-- dejaron 46 personas muertas.

La violencia en Irak se intensificó luego que las fuerzas del gobierno actuaron contra un campamento de manifestantes suníes en abril, lo cual detonó mortales enfrentamientos a nivel nacional.

Más de 4.500 personas han perdido la vida desde abril. Pese a que la cifra de muertos sigue siendo inferior a la registrada cuando el conflicto había alcanzado su momento de mayor intensidad, los actuales acontecimientos hacen recordar otros hechos de violencia que pusieron a Irak al borde de una guerra civil en 2006-2007.

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El periodista de The Associated Press Qassim Abdul-Zahra colaboró con este despacho desde Bagdad.