AP Fotos: Vaqueros brasileños lidian con toros

Los hombres a caballo aparecen al amanecer en el matorral espinoso de arbustos y árboles raquíticos característicos del paisaje semiárido de Pernambuco, en el noreste de Brasil.

Los aproximadamente 200 "vaqueiros" están vestidos con el "gibao" tradicional de cuero: guardamontes, chamarras, sombreros y protectores de mano decorados con complejas costuras anaranjadas, rojas y azules que visten para el festival anual llamado "Pega de boi", o atrapa el toro.

Los "vaqueiros" sentados en pequeñas monturas de cuero con las botas encajadas en los estribos, beben sorbos de cachaça, una bebida destilada de la caña de azúcar, de un cuerno de toro. Usan sogas que trenzan ellos mismos, aunque los que no dominan ese oficio pueden comprarlas a artesanos locales por unos 200 dólares.

Las mujeres no participan del rodeo, y en esta competencia en particular ni siquiera hay mujeres entre el público.

Cientos de toros provistos por los ganaderos locales se encuentran en un corral, desde los soltarán a la planicie salpicada de arbustos. "¡Que gane el más rápido!", grita una voz por altoparlante, la señal para que comience el rodeo.

Se abren los portones, el primer toro sale corriendo a la "caatinga", y un equipo de dos vaqueiros inicia la persecución. Se trata de aferrar al animal por la cola, derribarlo, quitarle un collar de cuero que se le había colocado previamente y entregarlo al juez de la competencia, lo más rápido posible.

Salen otros toros, los persiguen otros equipos y se toma el tiempo cuidadosamente para determinar quiénes son los más veloces.

Declarados los ganadores, se permite a los toros vagar libremente hasta el día siguiente, cuando se los arrea y devuelve a sus dueños.

Joao de Cazuza, de 56 años, recuerda cuando su padre y su abuelo lo llevaban al rodeo cuando era chico. Les tomaba cuatro días arrear los toros hasta el festival.

Tenía 15 años cuando vistió por primera vez el "gibao", y "desde entonces supe que era un vaqueiro", dijo.

Deda Carvalho, de 54 años, es uno de los hombres que prepara los toros en el corral para soltarlos a la caatinga. Luego se sienta sobre la cerca de ramas de árboles con su hijo Thiago, de 19 años, quien dice ser un "vaqueiro de verdad".

Thiago Carvalho dice que eso es lo que más desea.

"Crecí escuchando las historias de vaqueiros de mi padre y mis tíos", dice el menor de los Carvalho. "Estoy orgulloso de ser vaqueiro".

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Fotógrafos y editores de fotos de la Associated Press en Twitter: http://apne.ws/150o6jo