"Indignados" marchan de nuevo en Honduras

Miles de personas "indignadas" marcharon el viernes con antorchas en esta capital para exigir por décima vez en tres meses al presidente Juan Orlando Hernández que solicite a la ONU la instalación de una comisión internacional que combata la impunidad y la corrupción en Honduras, por considerar que su gobierno es incapaz de hacerlo.

La muchedumbre caminó unos nueve kilómetros tras concentrarse en las afueras del edificio del Instituto Hondureño de Seguridad Social, saqueado por más 300 millones de dólares en uno de los mayores escándalos de corrupción que salpica a empresarios y políticos, incluso al propio presidente, quien reconoció que su campaña electoral en 2013 recibió dinero procedente del desfalco, pero sin saberlo.

La gente pasó por la Corte Suprema y llegó a la Presidencial, donde 23 de los inconformes concluyeron 32 días de huelga de hambre. Allí asistieron a un concierto musical.

"El pueblo exige justicia", dijo Gabriela Blen, lideresa de los manifestantes, quien denunció que el gobernante "no quiere hablar con nosotros". Para ella, la institucionalidad hondureña ya se vino abajo y carece de confianza pública.

Ariel Varela, otro de los organizadores de la marcha, dijo a The Associated Press que "estamos esperanzados en que las Naciones Unidas, y no el gobierno, vendrá a investigar y castigar a los corruptos".

Los jóvenes agrupados en la llamada Oposición Indignada rechazan un diálogo que el mandatario ha propuesto a la sociedad civil, el cual no incluye a los que marchan en las calles desde el 2 de mayo. La iniciativa está orientada a crear un presunto sistema integral contra la corrupción con apoyo de asesores extranjeros, que en la práctica Hernández puede poner en marcha sin necesidad de convocar a dialogar.

"No damos importancia a esa propuesta porque es un monólogo donde Hernández habla con sus amigos, a los que manipula", agregó Varela.

Hasta ahora no ha habido choques entre los indignados y las autoridades. Las movilizaciones son pacíficas y están formadas por jóvenes --en su mayoría universitarios-- acompañados por familias, amigos y compañeros de trabajo. En ellas se corean consignas por la paz y la justicia, y también se porta el pabellón nacional.

Ahora los principales medios locales ya cubren los eventos de los indignados, pues cuando comenzó el movimiento no lo hacían.

Los jóvenes, que provienen de todas las clases sociales y partidos políticos, muestran un liderazgo horizontal con pocas figuras visibles. Con un gran poder de convocatoria movilizan enormes multitudes, de las más grandes que se recuerden en el país.

Algunos políticos, según Varela, "intentaron arrebatarnos las banderas al ver tanta gente en las calles... y están desconcertados porque penetramos la conciencia del pueblo, pese a no seguir ideologías de izquierda o derecha". Su objetivo es eliminar la corrupción y la impunidad "que tanto daño han causado a Honduras, y las antorchas representan la forma de iluminar esa ruta".

Acciones similares provocaron en Guatemala la renuncia de la vicepresidenta Roxana Baldetti por un escándalo de corrupción en las aduanas y organismos de seguridad social.

El movimiento de protesta nació en las calles de Tegucigalpa cuando un grupo de jóvenes comenzó a reunirse en la sede del Congreso. Desde entonces se repiten casi a diario en diferentes ciudades por todo el país y han llegado a rodear la sede de la ONU, la embajada de Estados Unidos, la fiscalía y la Presidencial.

Entre los problemas más graves del país figuran la corrupción y la debilidad institucional, lo que lleva a una "impunidad generalizada", de acuerdo a un reciente informe sobre derechos humanos en Centroamérica divulgado por el Departamento de Estado norteamericano.

Honduras es una de las naciones del planeta con índices de impunidad y violencia más elevados. Hasta un 91% de los delitos cometidos en el país no son enjuiciados jamás, según el Ministerio Público, y presenta una tasa de 66 homicidios por cada 100.000 habitantes, en cifras de las Naciones Unidas.