Surgen detalles de la vida del atacante en Tennessee

En los últimos días han salido a la luz detalles dispersos de la atribulada vida de Muhammad Youssef Abdulazeez, pero faltan dos piezas importantes del rompecabezas: ¿Por qué emboscó dos sitios militares, donde mató a cuatro infantes de marina y un marinero? Y ¿fue incitado por sus propios demonios para hacerlo o por orden de alguien más?

Hasta las balaceras ocurridas el jueves pasado, el hombre de 24 años nacido en Kuwait no estaba en el radar de los investigadores de terrorismo. Por esa razón, debía recabarse desde cero un panorama de sus antecedentes, contactos, uso de computadora y viajes y después conjuntar todos los elementos.

Él se había mimetizado en la vida cotidiana en Chattanooga como un buen practicante de lucha en la secundaria que se graduó de la universidad con título en Ingeniería y quien asistía regularmente a una mezquita local.

Pero también tenía un lado más turbulento, como lo evidencia su arresto por manejar en estado de ebriedad después de su regreso procedente de Jordania. Debía comparecer ante un juez a finales de este mes.

Abdulazeez murió en un enfrentamiento a tiros con la policía en una instalación del Cuerpo de Infantes de Marina y la Marina de Guerra donde fueron asesinados los soldados de esa institución.

Las autoridades dijeron que Abdulazeez conducía un automóvil Mustang convertible plateado que era rentado, vestía un chaleco con munición adicional y empuñaba al menos dos armas largas --fusiles o escopetas-- y una pistola.

El lunes, cinta amarilla de la policía aún bloqueaba el acceso a la instalación y había vehículos de fuerzas policiales estacionados en la cercanía con sus luces intermitentes encendidas.

Aproximadamente a 11 kilómetros (siete millas) de distancia, en un pequeño centro comercial, cientos de personas --muchas portando banderas estadounidenses y algunas con banderas confederadas-- se reunieron afuera de la oficina de reclutamiento militar donde comenzaron los ataques.

Las ventanas, varias de las cuales quedaron perforadas por los disparos, fueron cubiertas con madera contrachapada.

Ante los ataques, los gobernadores de al menos seis estados autorizaron que se arme a los miembros de la Guardia Nacional para que protejan oficinas de reclutamiento e instalaciones militares.

Las fuerzas armadas de Estados Unidos también han reforzado la seguridad para estaciones de reclutamiento, centros de reserva y otras instalaciones, según el capitán Scott Miller, vocero del Comando Norte de Estados Unidos, el cual abarca las bases militares de Norteamérica.

El almirante William Gortney dispuso "medidas de protección para las fuerzas" adicionales en órdenes giradas la noche del domingo, indicó Miller, quien no proporcionó detalles para "proteger la seguridad operacional".

Amigos y familiares dijeron que el comportamiento de Abdulazeez en días y meses previos a los ataques fue normal. Fue visto jugando con un balón de fútbol en el patio de su casa. Comentó a dos amigos de mucho tiempo que estaba emocionado por su nuevo empleo en una compañía que diseña y fabrica productos de alambre y cable.

"Todo parecía estar bien. Él estaba normal. Me dijo que el trabajo iba muy bien", comentó uno de sus amigos, Ahmed Saleen Islam, de 26 años, quien conoció a Abdulazeez a través de la Sociedad Islámica de la Gran Chattanooga y lo vio en la mezquita dos o tres noches antes de los ataques.

Pero una persona cercana a la familia, quien pidió no ser identificada por temor a tener represalias en su establecimiento, habló sobre un lado más oscuro de Abdulazeez. Dijo que poseía armas y disparaba a ardillas y practicaba tiro en la parte posterior de su casa. Él incluso se describía como un "campesino árabe falto de educación".

La persona señaló que a Abdulazeez lo trató un psiquiatra infantil por depresión cuando tenía 12 ó 13 años de edad, y hace varios años, familiares trataron de que fuera admitido en un programa de hospitalización para tratamiento por abuso de consumo de alcohol y drogas, pero una aseguradora se negó a aprobar el gasto.

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El periodista de The Associated Press, Eric Tucker, en Washington contribuyó a este reporte.