Los agentes federales se concentrarán en los narcotraficantes de alto nivel en Puerto Rico gracias a los datos recogidos durante una investigación de tres meses sobre actividades delictivas en ese territorio, anunció el jueves el Departamento de Seguridad Nacional.

La campaña es parte de una operación federal que comenzó en julio del 2012 con la ayuda de las autoridades locales y que se enfocó en el contrabando de drogas, armas, dinero y migrantes.

La agencia dijo que los agentes requisaron un total de 24.000 kilogramos (53.000 libras) de drogas, confiscaron cientos de armas de fuego y arrestaron a más de 320 sospechosos que serán juzgados a niveles federal y local.

"No solamente hemos hecho mucho más seguras las calles de Puerto Rico, sino también hemos mejoramos la seguridad en Estados Unidos continental", afirmó John Sandweg, director interino de la Policía de Inmigración y Aduanas.

Durante la operación de tres meses, seis agentes recibieron balazos, dijo. "Fue un trabajo peligroso", comentó.

Algunas de las armas capturadas eran caseras, dijo Angel Meléndez, agente especial basado en Puerto Rico.

La operación abarcó seis municipalidades, entre ellas San Juan y Fajardo. Pero Meléndez puntualizó que el mayor éxito se obtuvo en Ponce, la segunda ciudad de la isla.

Las autoridades dijeron que las drogas incautadas son mayormente cocaína y algo de heroína importada de Latinoamérica, que se vende localmente y también se embarca a Estados Unidos y Europa.

Los agentes han aumentado el número de inspecciones de carga y han reforzado la seguridad en el principal aeropuerto internacional agregando agentes y perros entrenados. La Guardia Costera también se reforzó en algunas zonas como el extremo oriental de las Islas Vírgenes Estadounidenses y el Pasaje de la Mona, una popular ruta de contrabando entre Puerto Rico y la República Dominicana.

Unos 30 agentes de investigaciones sobre seguridad nacional fueron asignados a la isla en los últimos tres meses, y otros siete quedaron basados de manera permanente, dijeron las autoridades.

La isla de 3.700.000 habitantes soporta una ola delictiva que ha producido un récord de 1.117 homicidios en 2011.