Griegos continuarán en el euro pero afrontan cruda realidad

En un sector de clase media en Atenas lleno de tiendas que han cerrado, los clientes hacían fila el lunes en la panadería Rizos para aspirar el rico aroma del pan fresco y se retiraban después de comprar hogazas recién salidas del horno.

Uno de los dueños, Alexandros Rizos, parado detrás del mostrador, estaba preocupado por la posibilidad de tener que despedir trabajadores o de que su negocio desaparezca después de 15 años de funcionamiento.

Grecia logró el lunes un tercer rescate financiero que la salva de una catástrofe financiera pero que golpea a algunos griegos que de por sí resienten el rigor de la crisis.

Rizos, de 36 años, dueño con su hermano de la pequeña panadería, dijo que el acuerdo de rescate financiero asesta un doble golpe: el impuesto a las ventas aplicado a los alimentos seguramente subirá de 13% a 23% en Grecia, lo que implica que el establecimiento tendrá que aumentar los precios a los clientes que ya pasan por apuros, y se liberalizan las normativas para permitir que muchos negocios abran el domingo, lo que favorece a las grandes cadenas de tiendas porque muchos pequeños negocios como el de Rizos no pueden darse el lujo de funcionar siete días a la semana.

"Dicen que este rescate financiero es el tercer plan de asistencia para Grecia, pero podría afectarme cuando menos en dos maneras", declaró Rizos. "No sé si mis clientes continuarán comprando aquí o se irán a otro lugar".

En diversas partes en Grecia, los adultos mayores están intranquilos por las consecuencias que tendrá en ellos la reforma al sistema de pensiones aceptada por el país.

Roza Alverti, de 83 años, expresó confianza en que el plan no le reduzca los 900 euros (994 dólares) que recibe cada mes para su manutención y la de dos nietos con los que vive en el mismo departamento.

Alverti, una conserje jubilada, dice que ella apenas tiene para vivir, y que se asustó tanto ante los acontecimientos que dejó de ver televisión el fin de semana durante las negociaciones de Grecia con los acreedores.

"Mi pensión es baja, espero que no me la reduzcan", afirmó.

También persiste la preocupación entre los dueños de los hoteles, que captan dólares cruciales mediante el turismo --ante el incremento del impuesto a las ventas de 6,5 a 13%-- y entre los dueños de los restaurantes, donde se aplicará el impuesto de 23% a los alimentos.

"Si el gobierno nos quita nuestras ganancias de esta manera, podríamos perderlo todo", declaró Mary Cromba, de 49 años, mientras permanecía sentada en la caja registradora de su restaurante de mariscos Cap D'Oro, que estaba inusualmente vacío en la playa pedregosa de Psatha, una zona a la que acuden los atenienses en busca de las aguas color turquesa y las montañas cubiertas de pinos.

Cromba conjeturó que algunos restauranteros posiblemente harán caso omiso de la aplicación del impuesto a las ventas, en especial cuando se pague en efectivo sin registrar la operación.

"Así no se tendrá que pagar el gravamen del restaurante o el cliente", afirmó. "Es una buena opción para ambas partes".

Alexandros Logothetis, un empleado de oficina de una compañía de servicios públicos, dijo que está "furioso" de que recaiga el mayor peso del incremento a los impuestos en las clases trabajadora y de ingresos medios.

"La gente ordinaria pagará más, no los peces gordos como los magnates de los medios de difusión y del sector naviero", declaró Logothetis, de 58 años. "Yo quería un acuerdo en el que los ricos pagaran nuestra deuda".

El único consuelo, dijo Logothetis, es que las cosas estarían peor si Grecia hubiera tenido que abandonar el euro.

"Habría sido peor", afirmó, "si hubiera habido un regreso al dracma".