Grecia: Rescates deficientes y traspiés políticos

Después de dos rescates financieros por un total de 240.000 millones de euros (266.000 millones de dólares) y seis años de recesión económica, recortes al gasto público y pérdida de empleos, Grecia está al borde del colapso.

¿Cómo llegó a este punto? ¿Por qué todo ese dinero y todo ese sacrificio no lograron levantar a un país que representa menos de 2% de la economía de la eurozona de 19 naciones?

La nación realizará un referéndum el domingo en torno a si debe aceptar o no las duras condiciones de los acreedores vinculadas a préstamos necesarios para evitar el incumplimiento de pagos y un colapso de su sistema bancario.

El voto por el "no" podría conducir a una caótica salida de la eurozona. Incluso un "sí" no es garantía de que los acreedores acepten prestar más dinero.

Antes de la votación, aquí presentamos algunas breves explicaciones sobre cómo se metió Grecia en su desorden actual:

EL DESENFRENO DEL ENDEUDAMIENTO

Grecia se enfrascó en un endeudamiento desenfrenado durante tres décadas que comenzó a principios de la de 1980, dinero que fue gastado en empleos gubernamentales de alto perfil para simpatizantes de los dos principales partidos políticos de la nación: el PASOK de centro-izquierda y el Nueva Democracia de centro-derecha. Turnándose en el poder, éstos pagaron bien a sus seguidores, lo que empujó hacia arriba los salarios en el sector privado y convirtió a Grecia en un lugar caro para hacer negocios. Además se hicieron de la vista gorda ante la amplia evasión fiscal. Con frecuencia, profesionales independientes --incluidos médicos y abogados-- reportaban ingresos menores a los de los obreros.

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LLEGA EL EURO

A pesar de sus finanzas tambaleantes, Grecia mostró un desempeño un poco mejor durante algunos años y reunió las condiciones para unirse a la divisa única en 2001. Fue una época de euforia y confianza en el euro, visto como un rival del dólar como divisa global. Había un deseo de miembros nuevos para impulsar la esperanza de la Unión Europea por una integración regional. Grecia fue aceptada, y pronto regresó a sus viejas prácticas.

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A DISFRUTAR SIN LIMITE

La llegada del euro simplemente alimentó el desenfreno del endeudamiento. Bancos de Alemania y Francia se encontraron con que ahora podían comprar bonos del gobierno griego en euros, no en dracmas que podían devaluarse. Grecia pidió prestado en lo que en retrospectiva fueron tasas de interés ridículamente bajas, sólo un poco más altas que las cobradas a la sólida Alemania.

Ya estaban en el euro, se pensaba, así que, ¿qué podría salir mal?

En octubre de 2009, después de que la crisis financiera global hizo que los inversionistas se mostraran más cuidadosos del riesgo, Atenas reveló que su déficit era mucho más alto que lo anunciado y que sus finanzas estaban fuera de control. Sus costos de endeudamiento se dispararon. No podía pagar.

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AUSTERIDAD POR RESCATE

Cuando la fiesta terminó, Grecia recibió un préstamo de rescate financiero de 110.000 millones de dólares en 2010 de los otros países de la eurozona y del Fondo Monetario Internacional. Los acreedores adjuntaron condiciones duras para recortar el gasto público y los déficits, y para reducir una burocracia y corrupción descontroladas. Sin embargo, los recortes socavaron rápidamente el crecimiento, el cual cayó por debajo de los cálculos optimistas de los acreedores, los cuales estimaron mal qué tanto peso tendrían sobre la economía.

Había una contradicción que no podía ser resuelta: se requerían recortes al gasto público para reducir la base de costo de Grecia porque no podía devaluar. Sin embargo, el menor gasto empujó hacia abajo al producto interno bruto y simplemente hizo que la carga de la deuda fuera más grande en comparación con el tamaño de la economía.

El desempleo repuntó y la miseria se multiplicó.

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ESPOSADA POR EL EURO

Con su propia divisa, Grecia hubiera podido incumplir sus deudas y devaluar, lo que habría borrado rápidamente su problema de costo internacional, y en unos años habría salido adelante. Recortar salarios y precios es más difícil, y toma más tiempo. En ese sentido, el euro ha prolongado la agonía.

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INCLUSIÓN DE LOS CONTRIBUYENTES

Para 2012, era claro que el primer rescate no estaba funcionando. Un segundo rescate incluyó aplicarle a los acreedores privados de Grecia pérdidas en sus bonos, junto con más préstamos.

No obstante, los acreedores continuaron subestimando el daño que la austeridad ocasionaría al crecimiento. El nivel de deuda, medido como una fracción de la economía, continuó aumentando. Incluso en el momento del acuerdo, la mayoría de los economistas y los que elaboran las políticas esperaban que fuera inevitable una mayor reducción de la deuda o términos más blandos.

Pero la reestructuración de ésta significó que, en lugar de deberle a inversionistas tenedores de bonos, los acreedores de Atenas eran ahora los contribuyentes europeos, el FMI y el Banco Central Europeo. Al incluir a los contribuyentes, se endureció la resistencia a otorgar más alivio a la deuda en países como Alemania, Holanda, Austria y Finlandia.

No obstante, durante algún tiempo pareció que el segundo rescate podría dar resultado. El gobierno griego bajo el primer ministro Antonis Samaras redujo los déficits. Se implementaron algunas reformas, mientras que otras fueron aprobadas pero realmente nunca entraron en vigor. La economía tocó fondo, después de una caída de alrededor de 25%, y parecía estar lista para comenzar a crecer. Grecia obtuvo algunos términos más blandos en intereses y tiempo para pagar.

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CERCA DE LOGRARLO, PERO NADA QUE CELEBRAR

En septiembre de 2014, a Atenas sólo le quedaban unas semanas para completar exitosamente el segundo rescate y transitar hacia formas más moderadas de asistencia. Sin embargo, cuando se aproximaba a la meta, Samaras tropezó.

Anunció que Grecia expulsaría a los odiados monitores de los acreedores y regresaría a los mercados de bonos sin ayuda ni asesoría externa. La idea demostró ser ineficaz. Las tasas de interés aumentaron agudamente para el resto de su deuda. En lugar de obtener el último abono del préstamo de rescate, en diciembre Samaras se vio en serios problemas y tuvo que convocar a elecciones adelantadas que se realizaron en enero.

Los votantes, hartos de años de agonía, escogieron a Syriza, un partido de extrema izquierda que ganó apoyo con sus exigencias de reducción de la deuda y no más austeridad. Los acreedores dieron marcha atrás.

La incertidumbre rápidamente paró la incipiente recuperación. Primero se extendió el rescate y luego se permitió que expirara el martes sin que Syriza y los acreedores llegaran a un acuerdo.

La última entrega del dinero de ayuda, aproximadamente 7.200 millones de euros, se le escapó de las manos a Grecia. Y con ello, quizá, la oportunidad de permanecer en la eurozona.