Santuario de la Virgen de Caacupé recibirá al Papa Francisco

Cuenta la leyenda que un indio de nombre José talló en madera la imagen de la madre de Jesucristo hacia 1600 para agradecer que salvó su vida en un ataque de la tribu rival en Kaa Kupé, lugar que se transformó en el principal bastión de la fe católica en Paraguay.

El sitio, que significa detrás del bosque de yerba en idioma guaraní y se encuentra a 54 kilómetros al este de Asunción, fue escogido por el papa Francisco para celebrar una misa el 11 de julio, el mismo escenario donde también lo hizo Juan Pablo II en 1988.

"Caacupé es considerada la capital espiritual del país, con un santuario en donde el pueblo expresa su devoción a Dios en forma constante rezando en la basílica o peregrinando hasta el sitio para la festividad de cada 8 de diciembre, dedicado a la advocación de María Concepción", dijo a The Associated Press el presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya, Claudio Giménez.

El obispo describió la imagen de la Virgen: Su rostro es moreno con una mirada maternal, pelo largo cayéndole por la espalda, viste una túnica blanca y lleva sobre sus hombros un manto azul.

La habilidad del indígena José como artesano no se perdió en la bruma del tiempo "porque gracias a su fe adquirida con la evangelización durante la colonia tiene hoy una continuidad con la devoción de la gente a la madre de Jesús", dijo el prelado.

El 4 de abril de 1770 se fundó la población, que conserva sus aristas pueblerinas con sus 48.000 habitantes dedicados a la agricultura.

La visita del papa, que es un devoto mariano, generó esperanzas, trabajo para los artesanos y expectativas en la población.

"Espero que Francisco produzca un milagro en mi vida", dijo a la AP Wilson Sanabria, de 37 años y que se moviliza en silla de ruedas debido a problemas congénitos de motricidad. "Mi familia es muy pobre; me veo obligado a pedir ayuda a los fieles que vienen a misa, pero el milagro sería que alguien me asista con anteojos porque estoy perdiendo la visión", agregó.

Jorgelina Rojas, de 50 años, relató a la AP que "en 1988 vine a escucharle al papa Juan Pablo II y me emocionó cuando dijo en guaraní que nos quería mucho. Ahora veré a Francisco pero estoy rezando para que obre el milagro de darle a mi hija de 14 años la posibilidad de hablar. Ella es muda de nacimiento y como soy pobre no tengo manera de pagar los gastos para que ella mejore".

A los costados del santuario abundan los vendedores de comestibles, baratijas e imágenes de la virgen en diferentes tamaños. Ante la próxima visita del papa Francisco comenzaron a comercializarse camisetas y otras prendas con la foto del pontífice.

Isabelino Maidana, de 70 años, en su carpintería del pueblo Atyrá, a 10 kilómetros al norte de Caacupé, fabricó la silla que usará el pontífice durante la misa. En la cabecera del sillón estará la imagen de la Virgen adornada con incrustaciones de piedras preciosa

"El modelo inicial que envié al Vaticano fue aprobado; pero las autoridades eclesiásticas pidieron un forro con cuero blanco y no rojo", explicó a la AP.

Maidana hizo el sillón para Juan Pablo II en 1988 "y hoy está exhibido en el museo de la basílica de Caacupé", acotó.

El carpintero cobrará 2.000 dólares por su trabajo "pero el dinero no es una ganancia, cubre los gastos. Mi ganancia es el bienestar espiritual que siento por haber colaborado para que dos papas se sientan cómodos en Caacupé", expresó.

"El dinero no saldrá de Caacupé ni del Vaticano: es recaudado por una comisión de fieles que realizan diferentes actividades sociales o reciben donaciones", especificó.

Los vendedores de los alrededores del Santuario ofrecen el comestible más codiciado por los fieles: el chipá, un pan ligeramente salado hecho con harina de maíz, queso y grasa vacuna.

Isabel Ledesma, de 67 años, dijo en guaraní que "a los feligreses les gusta comer después de escuchar la misa, chipá con butifarra (embutido) para luego beber tereré".

El tereré es una infusión de agua fría con la yerba mate, refresco tradicional de los paraguayos para combatir la deshidratación.

"El papa Francisco tendría que probar chipá con tereré", expresó la mujer con una sonrisa.

En el día de la fiesta Corpus Christi en junio, miles de fieles escucharon la misa en la plaza frente a la Basílica. Uno de los centenares de voluntarios servidores del público, Elvio Amarilla, dijo a la AP que "lentamente vemos el crecimiento del entusiasmo de la gente".

"A los paraguayos nos gusta movilizarnos a última hora. A pocas semanas de la visita del papa, todavía no hay un fervor desbordante", reconoció.