El secuestrador de Sydney era un narcisista, según pesquisa

El hombre que tomó como rehenes a 18 personas el año pasado en una cafetería de Sydney tenía educación y mostraba un comportamiento errático, reservado sobre su vida y abierto sobre sus muchos agravios, además de ser un fantasioso obsesionado consigo mismo que se volvió cada vez más desafiante conforme se acercaba la fecha de su ataque, indicaron el lunes varios abogados en una investigación.

Los detalles sobre la vida y la muerte de Man Monis están siendo examinados en una pesquisa del forense sobre el asedio del pasado diciembre en la cafetería Lindt, donde Manis tomó cautivos a clientes y trabajadores y, armado con una escopeta, hizo una serie de exigencias, como que se le entregara una bandera del grupo Estado Islámico. El asedio terminó cuando la policía asaltó la cafetería. Monis murió, al igual que dos rehenes.

"Ésta no es una investigación normal, lidia con cuestiones de trascendencia a nivel nacional", dijo el forense de Nueva Gales del Sur, Michael Barnes, al tribunal. "¿Era Monis lo que se conoce como un lobo solitario, que buscaba un atentado terrorista inspirado por ISIS, o era un individuo perturbado que dirimía un agravio personal, privado, de forma pública? Son preguntas reales que debemos tratar de responder si va a ofrecerse una explicación sobre el asedio, y desarrollarse estrategias para evitar que se repita".

En sus primeras intervenciones, los abogados que asistían al fiscal describieron a Monis, de 50 años y nacido en Irán, como un hombre en ocasiones obediente y en otras inconformista con la autoridad. Registró como debía sus muchos cambios de nombre, pagaba sus impuestos y solicitaba autorización policial antes de sus frecuentes protestas. Pero esas protestas eran a menudo actos dramáticos, como encadenarse a edificios o una huelga de hambre.

Monis denunciaba de forma obsesiva lo que veía como injusticias de diversas autoridades. En una ocasión viajó a Nueva Zelanda y volvió de inmediato sólo con objeto de demostrar que las autoridades de aduanas le trataban de forma poco razonable.

"Podía ser plausible, cortés y controlado", dijo la abogada Sophie Callan. "Pero también estaba consumido casi por completo por su vanidad, y cuando ésta se veía desafiada, podría perder el autocontrol y su reacción era desproporcionada".

Los abogados también describieron a Monis como un narcisista con afición por los actos grandilocuentes. Sus mentiras, medias verdades e historias imposibles de verificar iban de lo grande a lo pequeño, desde presumir de que era un espía iraní a decir que tenía 12 años menos cuando conoció a su futura esposa. Pero los abogados descartaron la idea de que sufriera una enfermedad mental grave.

"El señor Monis, como veremos, sin duda tuvo algunos problemas de salud mental en varias etapas en su vida, pero digo desde un principio que estos problemas parecen modestos", señaló el abogado Heremy Gormly al tribunal. "La enfermedad mental podría no explicar por completo sus motivaciones para el asedio".

La investigación, un proceso similar al de un juicio que se celebra en Australia tras las muertes poco comunes, pretende determinar cómo murieron Monis y los rehenes, cómo respondieron las autoridades y si el asedio pudo evitarse. Se realiza en varias etapas a lo largo del año.

En la apertura del proceso en enero, un abogado dijo al tribunal que la rehén Katrina Dawson, una abogada de 38 años, murió tras ser alcanzada por los fragmentos de una bala disparada desde el arma de un agente de policía cuando las autoridades intervinieron para poner fin al cerco tras 16 horas. Monis mató al gerente de la cafetería, Tri Johnson, y la policía abatió a Monis.

El agresor nació en Irán en 1964. Hablaba varios idiomas y tenía una maestría en cultura islámica y ciencias políticas. A principios de la década de 1990 estudió el islam y llegó a convertirse en un clérigo de categoría intermedia. Registró varios negocios de importación y exportación en Irán y trabajó en una agencia de viajes.

Pero en los años antes del ataque, su vida había empeorado, indicó Gormly. En 2014 estaba endeudado, no había logrado tener seguidores religiosos, había perdido la batalla por la custodia de sus hijos y se enfrentaba a una posible pena de prisión por delitos de agresión sexual. También estaba acusado de complicidad en la muerte de su ex mujer, y se había visto rechazado por la comunidad islámica australiana.