La beatificación de monseñor Romero por dentro

Un halo solar surgió repentinamente en el cielo de la capital salvadoreña durante el acto de beatificación de monseñor Oscar Arnulfo Romero. San Salvador gozó de un día radiante, con 33 grados centígrados, tras una noche y madrugada de lluvia pertinaz que no intimidó a los miles de salvadoreños que celebraron una vigilia en los alrededores del templete para recordar la vida y muerte del arzobispo.

Los fieles comenzaron a dejar de ver las pantallas gigantes y miraron con sorpresa hacia el cielo que se iluminó con el halo. "¿Será un mensaje de Dios?", se preguntó Teresa Peralta.

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Los gritos de los vendedores ambulantes resonaban en la avenida: unos ofrecían agua, comida, sombrillas para protegerse del sol y otros se acercaban con llaveros y camisetas con la imagen del beato Romero o con textos de sus homilías. El arzobispado capitalino y la Fundación Romero montaron lugares de venta con artículos más elaborados, como separadores de libros, rosarios, la biografía del arzobispo e incluso estampas con la "Oración para pedir un favor por intercesión del Beato Oscar Romero". La Iglesia pidió que quienes hayan recibido favores de Romero lo notifiquen al arzobispado, en busca de un milagro que permita la canonización.

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"Lo que parecía imposible se hizo posible, monseñor Romero mártir por amor a los pobres, bendición para El Salvador y el mundo", afirmó en su cuenta de Twitter el presidente de El Salvador, el exguerrillero Salvador Sánchez Cerén.

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"La beatificación marca un rumbo en la liberación de este pueblo... llama a los poderosos a la conversión", dijo el procurador de Derechos Humanos David Morales. "Si hay una petición de perdón sería un gesto simbólico de cambio", agregó.

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La derechista Alianza Republicana Nacionalista publicó el sábado una página completa en la prensa local en la que sostuvo: "Nos unimos a la celebración de la Iglesia Católica en la beatificación de monseñor Romero, compartiendo su mensaje de reconciliación y defensa de la vida para que los salvadoreños vivamos como hermanos".

Sus máximos dirigentes se encuentran en el área de invitados especiales, entre ellos el expresidente Alfredo Cristiani, quien emitió una ley de amnistía para los responsables de violaciones a los derechos humanos durante la guerra civil salvadoreña (1980-1992), incluidos los autores materiales e intelectuales del asesinato del arzobispo.

También asistió el diputado de Arena Roberto d'Aubuisson, hijo del mayor del ejército del mismo nombre acusado por la Comisión de la Verdad de Naciones Unidas (1993) como el autor intelectual del asesinato de Romero.

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El local Diario de Hoy publicó en un pequeño recuadro que en un comunicado atribuido a las pandillas anunciaron que no realizarán ninguna acción violenta para no empañar la ceremonia de beatificación y que en las próximas 72 horas harán esfuerzos para evitar que se susciten hechos de violencia para demostrar que le tienen respeto a la investidura que tendrá la figura de Romero.

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Miles de obispos, sacerdotes y monjas salvadoreños y extranjeros, vestidos con sotanas blancas, estolas rojas y sombreros de paja para protegerse del sol, entraron en procesión entre cánticos religiosos al templete montado en la plaza El Salvador del Mundo, en cuyo centro se erige un monumento de 18 metros de altura que sostiene un globo terráqueo con la imagen del "Divino Salvador del Mundo", patrono del país.

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"Por poco y no venimos, casi nos deja el avión, pero estábamos destinados a estar en esta beatificación", expresó el salvadoreño Esteban Aguilar que llegó la víspera desde Fresno, California, donde vive desde hace 20 años. "No nos podíamos perder esto por nada del mundo... para nosotros él ya era un santo", dijo su esposa Carolina de Aguilar.

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"Feliz sábado a nuestros hermanos de la patria grande, hoy celebramos la beatificación del Monseñor de los pueblos", dijo el presidente Nicolás Maduro a través de su cuenta en la red social Twitter.

 "Quienes lo mataron creyeron que lo sacaban del camino y ese día empezó a germinar la semilla que sembró para siempre; su palabra llena de sentimiento del Cristo Redentor está vigente y nos guía siempre en la batalla por nuestro pueblo", agregó en otro mensaje.

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Sentado en la acera y tomando café bajo los primeros rayo del sol, Andrés Valiente, de 73 años, recordó sus épocas de sindicalista de la industria metalúrgica cuando le pedía a su esposa Genoveva todos los domingos que prendiera la radio para escuchar las homilías de monseñor Romero. "Él anunciaba y denunciaba. Él era un obispo que no solamente predicaba desde el púlpito. Él iba a las comunidades y hablaba con los campesinos y trabajadores de la ciudad. De verdad, yo lo extraño".

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María Lilian Benítez de Santos, de 74 años, caminaba sola con un cartel con la foto de Romero, rodeado de rosas rojas. La mujer marchaba, al parecer sin importarle la lluvia y con mucha fe.

Vive en San Martín pero se congrega en una parroquia de Soyapango, al este de la capital.

"Vengo lista para dormir aquí, no padezco de frío y no me importa la lluvia. Yo estuve cuando el entierro y yo he estado esperando que el Vaticano digan que en santo, pero é ya era santo antes que lo mataran".

Dijo que nació en Santiago de María, Usulután, y que lo conoció cuando era el obispo allí.

"Él siempre fue un santo, quería a los campesinos, quería a los más pobres".