Israel: Ultraortodoxos regresan al gobierno

El nuevo gobierno de coalición de Benjamin Netanyahu ha allanado el camino para el retorno de los partidos ultraortodoxos israelíes al poder después de dos años en la oposición.

Este resurgimiento de los religiosos podría tener consecuencias profundas en la medida que los ultraortodoxos buscan restablecer un sistema de subsidios y trato preferencial que enfurece a la mayoría secular del país, lo que prepara el terreno para una reedición de las batallas sociales que suelen afectar al país.

Bajo el sistema de representación proporcional, los ultraortodoxos gozan de un poder e influencia que trasciende de lejos sus números al proporcionar a una serie de jefes de gobierno los votos que necesitan para tener mayoría en el parlamento.

Con ello han obtenido exenciones automáticas del servicio militar obligatorio y grandes presupuestos para un sistema escolar propio que se concentra en estudios religiosos en desmedro de las ciencias, el inglés y la computación. Este sistema provoca el rencor de los israelíes seculares, que acusan a los ultraortodoxos de eludir sus responsabilidades ciudadanas y ser un lastre para la economía.

Con el partido centrista Yesh Atid de Yair Lapid, el gobierno saliente aprobó leyes para incorporar gradualmente a los ultraortodoxos a las fuerzas armadas y el mercado laboral. Ahora que Lapid ha pasado a la oposición, los partidos Shas y Judaísmo Unido Torá regresan al gobierno resueltos a derogar esas medidas.

En las negociaciones para formar la coalición, Netanyahu hizo concesiones a los partidos que costarán cientos de millones de dólares. La derogación rápida de las medidas que él mismo había promovido le ha valido fuertes reproches, incluso de sus propios partidarios.

El golpe más fuerte fue la dramática negativa del ministro del Exterior, Avigdor Lieberman, a seguir en el gobierno. Lieberman dijo que las concesiones en el servicio militar y la generosa financiación del sistema educativo ultraortodoxo eran inaceptables.

Con ello Netanyahu queda con una mayoría ínfima de 61 bancas en el parlamento de 120, lo cual lo vuelve aún más dependiente de sus aliados ultraortodoxos.

Lapid acusó a Netanyahu de realizar una "venta de liquidación" del país en aras de la política.

"En lugar de usar el dinero de los contribuyentes para seguridad, educación, salud y bienestar, usa esos fondos para pagar sobornos políticos", dijo. "El primer ministro vende el país y nos presenta la cuenta".