Rusia evoca su patriotismo en un momento difícil

Si uno llama estos días al estudiante de historia Nikolai Podchasov, escuchará la popular canción de guerra "Katyusha" mientras espera a que el joven descuelgue a su celular.

"Simplemente me gusta la canción", comentó Podchasov, de 22 años, que la consiguió gratis tecleando 1945 como parte de una promoción relacionada con el feriado del Día de la Victoria.

En Rusia, resulta imposible escapar de los símbolos del triunfo soviético en la II Guerra Mundial conforme se acerca el 70 aniversario del Día de la Victoria, que se celebra el sábado. Las mujeres llevan lazos negros y naranjas de San Jorge atados en sus bolsas, la televisión emite boletines de guerra desde el frente tras las noticias de la noche y en los autos se ven pegatinas que claman "¡A Berlín!".

El 9 de mayo es desde hace tiempo el feriado más venerado en Rusia, que aúna a personas de todas las generaciones y posiciones políticas. Pero la fiesta se ha convertido en una celebración cada vez más grandiosa, conforme el Kremlin aprovecha la memoria de la victoria para reclamar el lugar de Rusia en el mundo y justificar su agresiva política exterior. El presidente, Vladimir Putin, también aprovecha el patriotismo para motivar a la nación mientras la economía sufre bajo las sanciones occidentales, y para ayudar a sofocar los posibles focos de descontento.

Las celebraciones del Día de la Victoria son el medio perfecto para unir a los rusos en torno a una idea de objetivo nacional.

"Es la única oportunidad de que el país se reafirme. No quedan otras bases de orgullo nacional", comentó el sociólogo Lev Gudkov, director de la encuestadora independiente Levada Center. "Esto es el triunfo de la Unión Soviética sobre la Alemania de Hitler, y al mismo tiempo un triunfo sobre Occidente. Es una declaración de fuerza, de transformación en una superpotencia".

Desde el comienzo de la crisis de Ucrania, el Kremlin ha avivado el patriotismo evocando imágenes de la Segunda Guerra Mundial para condenar al gobierno pro occidental de Ucrania, que tomó el poder el año pasado tras la caída del presidente pro ruso.

En la televisión nacional se ha tachado a los nuevos gobernantes ucranianos de "fascistas" y herederos morales de un miliciano independentista ucraniano de la era de la guerra al que Moscú considera colaborador de los nazis.

La mayoría de los rusos adoptó con entusiasmo los adornos promocionados por el Kremlin para mostrar su patriotismo. Por ejemplo, muchos llevan con orgullo el lazo de San Jorge, asociadas desde hace tiempo con la victoria en la Primera Guerra Mundial. Y el patriotismo ha ayudado a mantener los índices de aprobación de Putin por las nubes, por encima del 80% pese a la inflación rampante y el creciente aislamiento de Rusia ante Occidente.

Sin embargo, algunos consideran que las celebraciones del Día de la Victoria son demasiado espléndidas.

Alexander Mijailov, un ingeniero de 62 años que trabajó durante años en plantas de lanzamiento de misiles, dijo que las celebraciones oficiales le parecen superficiales, aunque comprende por qué pueden ser necesarias "a la luz del momento político y la necesidad de consolidar a la nación" ante la presión occidental.

Para él, la mayor decepción es que las celebraciones, y en particular el desfile militar en la plaza Roja, son un agrio recordatorio de la pérdida del imperio.

"Estoy orgulloso de la victoria del pueblo soviético y la Unión Soviético, pero ninguno de ellos existe ya. En el mapa, Rusia se ve como en el siglo XVII", dijo Mijailov. "La victoria debería celebrarse mientras el país emplee los frutos de esta victoria".

Olga Gref, una profesora de historia de 37 años, recordó que para su abuela, que murió el año pasado, ver el desfile era una tradición, y una ocasión para emocionarse. Para los rusos más jóvenes como ella, señaló, el desfile es "más un tema de entretenimiento".

Lo que sí la conmueve del Día de la Victoria es el momento en que familia y amigos recuerdan a los caídos y a los sobrevivientes. "Siempre está esta sensación de dolor, un nudo en la garganta y lágrimas en camino", dijo Gref.

La imagen de los rusos sobre la Segunda Guerra Mundial evolucionó a finales de la década de 1980, cuando la gente empezó a hablar abiertamente sobre la represión del dictador soviético Josef Stalin antes de la invasión nazi en junio de 1941 y del brutal tratamiento que sufrieron los soldados soviéticos durante la guerra. Pero la narración de la guerra ha retrocedido a la vieja propaganda, como mostraban los retratos de radiantes pilotos y soldados mostrados en carteles por las calles de Moscú.

Para Gref, la mejor manera de mantener viva la memoria del sufrimiento y los sacrificios de la guerra es bucear en la historia familiar.

En una tarde reciente, sus alumnos de octavo grado llevaron a clase recuerdos de casa y contaron historias familiares sobre la guerra, lo que ofreció una imagen mucho más compleja que la versión oficial.

Un estudiante habló a la clase sobre un bisabuelo que fue comandante en la batalla de Kursk en 1943, mientras que otro recordó a un bisabuelo que no pudo ir a la guerra porque le habían enviado a un campo de prisioneros, o gulag. Otro alumno habló de un hombre que había desertado y fue atrapado y torturado por los servicios de seguridad soviéticos.

"Esto es lo que les facilita identificarse con las circunstancias de la guerra", explicó la profesora. "Tenemos que hablar de la naturaleza contradictoria de este evento, la complejidad de la guerra, sobre el hecho de que junto con las victorias, hubo mucho dolor personal y muchos logros dudosos".

Las historias familiares también pueden contrarrestar los intentos de mostrar la victoria como un logro exclusivo de la Unión Soviética y el gobierno soviético, señaló Gref.

El 69% de los rusos creía el año pasado que la Unión Soviética habría ganado la guerra por su cuenta, un aumento respecto al 57% de 2010, según sondeos de Levada.

Hace 10 años, los jóvenes alumnos de Gref estaban entusiasmados con los lazos de San Jorge porque llevar uno parecía que "venía del corazón y no era ubicuo". Ahora, dijo, sus estudiantes no los llevan porque "se ha convertido en un movimiento patrocinado por el gobierno que es difícil seguir con sinceridad".

Podchasov, el estudiante de historia y que tiene previsto graduarse este mes en la Universidad Estatal de Moscú, dijo que disfruta de todos los aspectos de las celebraciones del Día de la Victoria, incluso de las pegatinas de "¡A Berlín!" que son un guiño a mensajes que llevaban los tanques soviéticos durante la guerra. "No es anti alemán, es sólo algo gracioso", dijo.

Pero al margen de los adornos patrióticos, señaló, al final el Día de la Victoria trata del sacrificio que hizo la gente por su país.

"Esa gente no pensó que fuera indigno sacrificar sus vidas" dijo Podchasov.